Sin hogar.

En cuatro  paredes de no más de 2.5 metros de ancho y de alto se forma un cuadrado perfecto, con una ventana a la izquierda, con una persiana café que contrasta con los muebles de madera (la cama, el escritorio, el  armario y una pequeña estantería) mientras las paredes y el techo están pintadas de color blanco. A ese pequeño espacio lo llamo hogar; pagando una módica cuota mensual gracias al intercambio de bienes y servicios por dinero. Por eso llevo alrededor de dos años aquí. -Algunas semanas y meses no he estado por más de 6 horas, como hay otras en la que no salgo de aquí (se queda leyendo o escribiendo en su computador, o si lo hace no pasa de la puerta de su casa)-. Ahí afuera dónde sale a fumar y sentir el viento. Donde encuentra algo de verde naturaleza y voces comunes. Ahí donde muchas veces no me fijo que estoy. Ahí, afuera.

Ahí afuera donde muchos viven obligados al no tener otras opciones, aquellos que se encuentran solos sin una hermana, si un padre o un amigo. Solos ahí afuera. Solos o con ellos mismos. Sólo se encuentran con desconocidos  vestidos de marcas y miradas bajas. Con autos de último modelo o Rojos Transmilenios, otros con buses que tienen más luces y estampas del divino niño y la virgen María que un árbol de navidad. Personas con etiquetas como símbolo de identidad. Solos. Solo se encuentran con personas ciegas a la realidad por un enajenante virus ancestral: la indiferencia. Eso que nos hace: “no fijarnos al mirar”.

La publicación “EL HABITANTE DE LA CALLE EN COLOMBIA: Presentación desde una perspectiva social-preventiva” explica “la  distinción conceptual entre indigente y habitante de la calle ya que permite que exista un tratamiento jurídico diferenciado. En principio, la indigencia es un asunto de las políticas económicas, mientras que la habitabilidad en la calle es un asunto social. La incipiente política pública colombiana para el habitante de la calle, enmarca la preocupación del Estado Social de Derecho por mitigar este fenómeno de miseria, pero esta, resulta ser insuficiente a la hora de eliminar la difusa barrera que separa dichas categorías conceptuales en la realidad”. Es difícil encontrar un dato preciso o una cifra frente al tema de personas sin hogar en Colombia la página: http://www.bogotacomovamos.org busca dar una cifra frente  a personas que permanecen habitando las calles en: El Boletín Especial Habitantes de Calle afirma que 4 de cada 10 habitantes empieza este rol desde niño, niña y adolescente; Y hay al menos 40.000 personas que viven en condición de indigencia extrema.

En el 2013  fue expedida la Ley 1641, que le ordena al Estado Colombiano “garantizar, promocionar, proteger y restablecer los derechos” de los habitantes de la calle. Sin embargo está no fue la solución para ofrecerles un mejor lugar que las aceras frías o mojadas, el parque o el papel periódico y cartón que usan como cama. Por esta razón en 2015 La Corte Constitucional fue enfática al señalar que esta población requiere “una actuación urgente e integral dada la especial situación de vulnerabilidad y marginalidad en la que se encuentran, así como la violación masiva de derechos de la que son objeto. El solo hecho de no contar con un hogar deriva en la afectación grave y continua de otros derechos fundamentales” argumentó al exigirle al Estado la aplicación de esta ley.

Es necesario entonces hacer una explicación frente al  habitante de la calle, pues el en ejercicio de su autonomía y con ánimos de permanecer en la calle por distintos factores, como continuar en la drogadicción, no adquirir cargas o deberes, rehabilitarse y trabajar, etc., se niega a recibir la asistencia social por parte del Estado. En sentido metafórico, este individuo “renuncia a lo irrenunciable”, es decir, a derechos como la educación, la salud, la seguridad social, entre otros, porque su voluntad es constatar su libertad y continuar  con su vida en las condiciones que tiene hasta el momento. Es entonces claro que algunos por diferentes circunstancias llegaron a esta habitabilidad pero desean continuar en ella por decisión propia y renuncian a encontrar otra posibilidad; frente a esto el periodista Martin Caparrós se refiere en su libro, El Hambre a que “la pobreza más cruel, la más extrema, es la que te roba también la posibilidad de pensarte distinto”. La que le roba al individuo la posibilidad de proyectarse mejor y superar sus adversidades, este es el resultado del no fijarse al mirar, y hace que estas personas ya no crean sí mismas, porque no son tratados como seres humados a pesar de sus decisiones personales. Así  nos gastemos la vida en ello, merecemos ser constructores de una buena historias llena de tenacidad y ganas de cambiar la realidad por una mejor, para nosotros mismo y de los demás. No estamos solos y así lo parezca por momentos, no lo estaremos nunca.

Hay tantos motivos que los hacen seguir ahí, el más sencillo de todos quizá sea el escuchar  de otra persona y  ojalá de sus familiares, de aquellos que dejaron olvidados en algún momento de su vida, que le digan una y mil veces: -¡Qué sí, qué si pueden hacerlo! Que sí pueden fundar una mejor calidad de vida para ellos mismos. En Bogotá lo más parecido a un hogar para estas personas podrían ser las ollas del Bronx, el Samber y Cinco Huecos donde los mismos políticos, algunos comerciales y narcotraficantes mueven alrededor de 400 y 300 millones de pesos al día, por el tráfico de drogas o sustancias psicoactivas. Es entonces claro cómo el cinismo  de inversionistas extranjeros del norte, en políticas de gobierno, de políticas antidroga. Cómo el cinismo entra  en los discursos de cambio y quedan aplastados tales ideales, por el ambicioso y costoso mundo de las adicciones. Costoso porque a muchos les robo la posibilidad de pensarse diferente y les deja como única opción la miseria absoluta, esta que los consume dejándolos hechos cenizas grises que se pierde entre ropa vieja y bolsas de plástico en el asfalto de la ciudad. Aprendimos gracias a nuestro Alcalde Enrique Peñalosa, que la solución no fue desalojarlos. Claro necesitaban controlar estos puntos de consumos y venta de drogas de la ciudad, pero olvidamos  entonces  el costo de las decisiones, el costo de implementar violencia a cambio de territorio en pleno siglo XXI, el costo de silenciar la vida para mostrar el progreso. Pero sobre todo  el pago con tiempo hasta poder saldar estas acciones, sólo hasta  que logremos observarnos y crear el cambio podremos poder contar quienes eran, quienes están y a lo mejor porque seguirán ahí afuera. Solos. Porque continúan solos y nadie pudo verlo ¿Será que no los vemos? O ¿sigue sin importarnos?

Y no puedo dejar de preguntármelo, me siento, leo luego escribo, borro, pienso, miro por la venta e intento fijarme bien antes de contestármelo, pero me doy cuenta que de poco vale, porque estoy adentro y solo los espió, mientras corro a esconderme igual que ellos. Solo.

En el 2016 entre Junio y Agosto han sido asesinados 15 personas (13 Hombres y 2 Mujeres). La  intervención  del 28 de mayo al Bronx, no soluciono la situación de los habitantes de calle que ahí se encontraban, si no que la empeoro al desplazarlos, a un rio sobre la calle sexta, que en una crecida por su corriente murieron varios habitantes que ahí se refugiaban, otros se acomodaban debajo de las estaciones de Transmilenio cerca a la canal del rio, y otros  a diferentes zonas de la ciudad. Ya no cuentan con una red por lo menos de amistad, de compañía. Ahora están más solos. ¿Quizá solos es más fácil asesinarlos?

Además de vivir sin hogar, de ser consumidores de sustancias psi-coactivas desinformados frente a estas prácticas. Además se convierten en el blanco de una clase política, en el blanco de un Estado que los culpa por no “fijarse bien” y los llama delincuentes e incapaces. Más o menos un estorbo frente a sus ambiciones de poder, ya sea por la ceguera de la indiferencia o porque le es imposible reconocerse como el responsable de la situación de 40.000 personas en Colombia, no es más fácil cubrirlo con promesas de cambio y una trasformación de la ciudad. En una de esas llenas de buses, “así bien linda”, una que los deja ahí, afuera,  sin hogar.

(9 de cada 10 personas habitantes de calle son hombre. 6 de cada 10  son mujer,.El 44.03% vive en la calle por ausencia o conflictos con red familiar primara y secundaria, mientras que por consumo de sustancias el 33.08%. El 93.8% de los habitantes de calle aseguro consumir algún tipo de sustancia.) 

 

 

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