¿Qué esperamos?

Qué esperamos para producir un cambio en el sentir, hablo de ese espacio social producto de una cultura que nos ha enseñado a los hombres: que no debemos expresar abiertamente nuestras emociones, que debemos reproducir roles fijos y caricaturescos para lograr ese éxito social, para ser vistos como profesionales éticos, capaces de soportar lo que sea como si eso fuera un valor importante “aguantar, aguantar y aguantar” o “trabajar, trabajar y trabajar” roles adscritos históricamente al cuerpo femenino, mientras promueven estos discursos que disfrazan explotación enriquecemos a burgueses con nuestro trabajo, nosotros luchamos pasando unos sobre otros por dinero, entrando al juego del mejor postor, construyéndonos como sujetos productivos, llenos de cifras, de rendimiento, de ego y superficialidad. Esto nos roba nuestros mejores años y capacidad para el beneficio de terceros muy poderosos, explotares, machistas, pues 26 años no volveré a tener otra vez en este estado físico y temporal.

Ese espacio del sentir es donde debemos profundizar, ser más creativos, primero debemos curar nuestras heridas abiertas, sangrientas, infectadas y adoloridas. Me siento cansado de evidenciar un tejido social enfermo, carente de oportunidades y alienado por una sociedad de la felicidad hipócrita, sin importar los medios para alcanzarlo, auto explotándonos para decir si pude, si puedo cuando nuestro entorno está en contra, pues si hay que pasar por encima de los derechos de otro no importa, aplastar la dignidad del otro no importa, despedazar sueños o quebrar corazones por mi bienestar, no importa. Así llegamos a vivir en un aislamiento absoluto, tapándonos los ojos ante una realidad colectiva en donde las emociones hacen parte de esta putrefacción que transmitimos diariamente.

Es momento de escribir la historia de los corazones rotos, de las vidas sobrias de afecto, donde vamos vacíos de carácter y pesó en los ovarios y testículos. Donde nos hacen creer que vivir de esta manera es la única forma de ser y no se puede cambiar, que ese es el precio que debemos pagar por idealistas, por creer que esta raza puede ser superior intelectual y emocionalmente. Infectadnos los unos a los otros, penetraos hijos del macho, generación tras generación siempre sin protección, carentes de consciencia e individualidad.

Y te quiero aclarar, el miedo al rechazo, a la calle, al maltrato, a la violencia no es normal solo es el reflejo de todo ese vacío emocional, de esa herencia que recibimos en constructos simbólicos que nos inmovilizan al cambio. No somos dramáticos, no somos exagerados, ni histéricos, solo somos hombres nuevos conscientes de este problema y desde nuestra subjetividad, desde nuestro lugar común, proletario y obrero queremos cambiarlo, con palabras, opiniones y acciones vamos a lograrlo , el silencio ya no es una opción.

Lamentablemente dar amor no nos asegura recibir amor, no nos asegura recibir afecto o compresión, solo irrespeto, burla, silencio y soledad. Nos castran la capacidad de apreciar y expulsan de nuestra subjetividad masculina ese sujeto sentí-pensante, rabioso y adolorido que llevamos dentro, ese desconocido en el que nos convirtieron, porque debemos guardar las apariencias. Nos remplazan, nos compran y venden, nos crean estándares psicológicos, de belleza, de éxito como sanos o patológicos, tóxicos o placenteros, es momento de romperlos (escachar) todos en pedacitos y crear esa gama de posibilidades, de variantes y matices coloridos, orgullosos de nuestra esencia marica y libre.

Debemos cambiar ese mundo emocional quebrado, juntar los pedacitos, admirar las grietas, permitir que nuestra mente conecte con el corazón, Abandonar el rol del verdugo que no nos permite avanzar como hombres sensibles, emocionales y feministas. Que nuestra cotidianidad se cada vez más justa, incluyente y armoniosa, que innovemos en nuevas formas de relacionamos, no satanicemos el valor de defender nuestra opinión, no se trata de imponer verdad si no de exigir respeto a la vida y sobre todo el derecho a ser diferentes, a soñar un mundo nuevo. Que nuestra inteligencia y libre elección nos permitan aprender de nuestras caigas, de los tragos amargos, que podamos dejar de ver el cuarto vacío a verlo como nuestro salón de ensayos donde me recreo y renuevo para poder ser cada vez mejor, más honesto y agradecido.

No más machos, por favor.

Foto. Cecilia Suárez – Grabando Sexo, pudor y lagrimas 220200218_202822

Publicado por

ESCACHAR

Blog de pensamiento crítico, feminismo, periodismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s