YO MAESTRA

Florence María Therese Thomas nació en Rúen – Paris en el año de 1943.  Es profesora emérita de la Universidad Nacional de Colombia, escritora de libros como Conversaciones con Violeta o la Mujer tiene la palabra, además de tener su columna de opinión en  el Periódico El Tiempo. Es Licenciada en psicología con una Maestría en psicología social de la Universidad de Paris. Llego a Colombia en Julio de 1967.

22 de Agosto 2019. 5 p.m. Biblioteca Virgilio Barco – Bogotá.

Muchas gracias por esta primera presentación de verdad, muy contenta de estar aquí. Y he traído un pequeño escrito muy corto porque también  quiero escucharlos a ustedes, uno aprende de los otros.

Primero que todo el nombre lo vario de Yo maestro, a Yo maestra.

Primero quiero contarles que este calificativo de maestra me gusta mucho. Cuando me encuentro a mis estudiantes y me saludan -Hola Profe, me vuelven a la mente esos muchos años de docencia en la universidad. Primero en la Universidad Nacional fueron 30 años. Y después en todos los rincones de este país donde me invitaban a que les cuente lo que significaba ser mujer en tiempos de guerra o en tiempos de construcción de paz. Mi vida profesional es y fue en la enseñanza, en la Nacional que por un lado fue enseñar, y al mismo tiempo recibir, la gran lecciòn que recibi  nunca dejar de aprender.

Lo que soy hoy es en gran parte gracias a la docencia, ahí encuentro seres inquietos y a veces muy vivos. Esto se debe a haber llegado a la Universidad Nacional, pero también a las mujeres de este país, populares, indígenas, campesinas, docentes y líderes políticas quienes me enseñaron.

Soy maestra y lo seguiré siendo hasta mis últimos días. Por cierto tuve la suerte de que a los quince días de llegar a Colombia  fuera contratada por la UN donde viví 30 años de vida profesional. Durante este tiempo estuve vinculada con la Facultad de Ciencias Humanas, en el departamento de psicología y sociología, por mi maestría en psicología social.  Y fue ahí donde me enamore de este país, puedo decir que esos 30 años fueron verídicos para ese deslumbramiento de país, que me invadió y me asalto muy profundo.

 La UN significo mi ingreso a la Colombianidad y cuando digo esto, me refiero primero al idioma. Por qué les cuento que llego sin hablar una palabra de español. De verdad solo sabía decir sí y no. Los dos primeros semestres los dicte en francés con traducción simultánea. Imagínese era otra universidad, en ese tiempo tenía más plata que ahora.  Mi iniciación al español comienza con una extraña mezcla de palabras propias y conceptos o adjetivos sociológicos incrustado en un contexto político de los años setenta y ochenta del campus universitario. Conocí los vocablos JUCO, MOIR y mamerto antes de conocer palabras como escoba o espejo. Evidentemente  ahí estaban todos los grupos de izquierda, los años 70s-80s-90s  fueron un momento importante.

La Universidad Nacional me permitió también encontrarme con estudiantes que me enseñaron a cuestionar, a dudar y a soñar. Yo hubiera llegado a los Andes o a la Javeriana, creo ya no estaría en este país. Tuve la suerte de llegar a donde había que llegar en ese momento. De muchas generaciones guardo un recuerdo imborrable, por supuesto no pasaba un día en donde no me mamaran gallo por mi acento, y claro no puedo dejar de mencionar este grupo de académicos y académicas que me permitieron dimensionar mejor este país. Por ellos pude reconocer esas violencias del pacífico que escondían todas estas violencias pasadas y por venir. Pero incluso esta UN revolucionaria que se develaba ante mis ojos me olía a macho, y no solo a mí, sino a un grupo de profesoras de la facultad de ciencias humanas, con las cuales comenzamos a soñar otros mundos posibles para las mujeres, lo que más tarde, en los años ochenta llamamos el Grupo Mujer y Sociedad lo que a su vez llegados los años noventa sentó las bases de la Escuela de Estudios de Género que sería el primer centro académico feminista de Colombia. Ser feminista académico colombiano ES POSIBLE. Ahora cuenta con especialización y maestría.

Sí, fue al final de los 70s y al comienzo de los 80s cuando el feminismo entro a mi vida. Justo en el momento en que mi generación tenía una gran necesidad de responder a ese código, que queríamos entender, ese grupo de mujeres que se reunían cada jueves de 12 a 2 de tarde, con una empanada y un yogurt en mi oficina. No siempre, era con un pan francés y una colombiana. Para entonces a mi oficina la llamaban el aquelarre, que es donde se reúnen las brujas. Es cuando comprendimos que el feminismo es una apuesta ético-política, en un país que parecía estar destinado a tener madres en lugar de mujeres. Fueron tiempo intensos y de alguna manera románticos, pero no me arrepiento en absoluto.

Por qué ser maestra significa obligarme a aprender, concientizarse, investigar, analizar el contexto de su época, hoy estoy convencida que amar a un país es hacerlo reflexionar sobre los grandes debates de  sociedad. Por eso no me dio miedo hablar de los años 70s y 80s,  de la legalización del aborto, de las diversidades sexuales. Fui la primera en tener columnas, en un periódico como EL TIEMPO, hablando de la legalización del aborto, de la homosexualidad. En ese tiempo no se hablaba aun de la diversidad, no se hablaba de la comunidad LGBTIQA. Tengo que aclarar una cosa, nunca este periódico me cambio una coma. Nunca me dijo absolutamente nada.  Y nunca recibí una sola carta de amenaza debe ser porque tengo acento, eso me permitió decir mucho más rápido las cosas que las mujeres colombianas no podían decir.

Tuve la suerte de enseñar en los tiempos de la comunicación oral y no virtual, no sé si conocen el esténcil esos tubos de tinta negra o tizas.  Todavía no había fotocopias en la UN, NO HABIA NADA DE LO QUE TENEMOS AQUÍ, PANTALLAS Y PROYECTORES, nada de esto. Entonces era otro mundo bastante distinto al que tenemos hoy.

Me pensione en los años 90s para dedicarme a recorrer este país hablando de los derechos de las mujeres,  en un país donde los jóvenes están cada vez  más inmersos en los medios digitales, como lo menciona en una de sus columnas Francisco Cajiao en el periódico El Tiempo. Y  apropósito les voy a leer una carta que recibí de un profesor, Leonardo Haberkorn de la Universidad de Montevideo en Uruguay, que dice.

Me canse me rindo.

Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún día a dictar clases en una licenciatura de periodismo.  Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron, me rindo.  Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies. Claro, es cierto, no todos son así. Pero cada vez son más.

Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 50 minutos – aunque más no fuera para ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto. Muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo o hiriente que es lo que hacen. Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo
ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado. Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?

¿Saben quién es Vargas Llosa?

 ¡Sí! ¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.

Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales. En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con esta noticia: todavía existen kioscos que venden diarios y revistas. Llega un momento en que ser periodista te juega en contra. Porque uno está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía como herramienta básica de trabajo. Y entonces ve que a estos muchachos –que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.Es entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia. Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante. No quiero ser parte de ese círculo perverso. Nunca fui así y no lo seré. Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible.

Ellos querían que terminara la clase.
Yo también.

Me canse, me rindo.

Afortunadamente no viví esto, claro que este profesor exagera, es una realidad que se vive en las aulas de clase. Claro que seguí enseñando, ya no en la Universidad si no hablando con mujeres populares, campesinas, indígenas, esa cosa de lo virtual, no es lo mismo.  No puede seguir ganando, no puede seguir. Tuve la suerte de enseñar en la mejor Universidad de Colombia y a un país.  Con estudiantes críticos y académicos destacados en los años 70, 80 y 90. Evidentemente ahí es un momento importante de mi vida, que es cuando entiendo si quiero dejar algo de manera distinta para la Universidad, tenía que salir y hablar con los otros. Y es cuando se crea el Grupo Mujer y Sociedad, se creó de una manera un poco fortuita en los corredores de la Universidad donde yo me preguntaba, dónde están las mujeres de este país. Y es verdad cuando yo llegue hace 52 años no había nada. Ni siquiera se percataban de la importancia de este proceso. No es una exageración es de verdad, A muchos, aunque no lo creas Florence, nos dicen lo mismo, qué eso para qué. Fue cuando empezamos a reunirnos en mi oficina de la Universidad todo los jueves de 12 a  2, a empezar a leer, sobre todo esto.  Los cuatro primeros años del grupo fueron solo lectura frente a los tema de estudios de la mujer, aun no se llamaban estudios de género. Empezamos a trabajar, a investigar, frente a nuestros saberes, era un grupo muy interdisciplinario habían psicóloga, historiadora, habían tres mujeres de trabajo social. En toda la facultad de ciencias humanas, trabajo social fue el departamento que más respondió a mis expectativas. Obviamente por la disciplina que es trabajo social, es decir por las mujeres populares, por la pobreza por todas estas cosas. Porque psicología muy poco las cosas de género en absoluto. Había profesoras de sociología, es un grupo muy interesante que se dio cuenta que la historia nunca había sido contada por las mujeres, un ejemplo de esto es el bicentenario, 130 mujeres fueron asesinadas y ningún historiador lo reporto. Pero quienes fueron quienes hicieron esto. Los hombres.

Entonces una historiadora empezó a hablar de las mujeres en la colonia, las mujeres en la edad media, se inició una línea investigativa sobre la historia de las mujeres y no se tenían fuentes verídicas sobre la mujer en la edad media, porque no había nada. Empezar a descubrir mujeres y saber qué significa esto, nadas más que dificultad de las mujeres para acceder al saber, impresionante. Y lo siguiente es cuestionar porque nos alejaban del saber.

La dificultad de las mujeres para acceder al saber, es evidente y hay que preguntarse el por qué. Ya ustedes bien lo saben para todo hay un por qué. Por supuesto que tenía que ver con las relaciones de poder incipientes a lo largo de la historia.

Y son insoportables estas restricciones de la academia frente al enfoque de género o feminista. Por ejemplo el periodismo. No hay una sola catedra de género en muchas carreras. Si la quieren deben acceder ya después del pregrado. Porque pasa esto, acaso no se comunican con mujeres, y con la pluralidad que esto conlleva, con mujeres transexuales, campesinas, pobres. Siguen creyendo que el mundo es de  consumo exclusivo masculino y las mujeres no son más que bellos objetos decorativos, por eso desde mis columnas busco generar un cambio, de mujeres o madres a sujetos sociales de derecho y si les molesta tanto a sujetas de derecho.

 

La mujer se libera desde la palabra, asi que hay que irrumpir, hay que tomar la palabra. La mujer se libera desde el lenguaje, por eso escriban mujeres.

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Fotografìa PUBLIMETRO

 

Violencias

“Mujeres, si es necesario tirar un monumento entero para que el gobierno haga su trabajo y les brinde protección cuenten conmigo. No hay piedra más valiosa que una vida, no existe vidrio más frágil que el temor de no poder vivir en libertad.”

Hoy el peso de las palabras tiene una carga de violencia, son políticas y esenciales para entender como todas esas imágenes y diversidad de contextos precarios son fundamentales para poder exponer un mensaje específico, dejarlo sin un equilibrio lógico, satanizar la lucha por derechos fundamentales en zonas de marginalización y pobreza extrema.

La marcha de mujeres en Uruguay, la marcha de mujeres en Argentina, la marcha de mujeres contra la violencia machista en México, la marcha de mujeres en Brasil, la marcha de mujeres en Colombia.

Si pensaron -esa es su estrategia-.

Es así, lamentablemente en estos tiempos veloces y ásperos los poderosos saben que esa es la manera de deslegitimar la lucha de más de 60 años, de archivar los avances legislativos que aún no penetran en la cotidianidad Latinoamericana, no les permiten el acceso a esos discursos democráticos que no tienen espacio en un mundo cada vez más delimitado y por lo menos en la región, vamos camino a una sociedad autoritarita por parte del Estado.

“En nuestro continente el Estado se funda para recibir la herencia colonial. Su finalidad es administrar, desde el exterior, la riqueza de los pueblos. Se funda trasladando la gestión del otro lado del Atlántico hacia el territorio, un cambio de manos que inventa naciones. Ese es el error fundacional, en el que un Estado continuista, siempre colonial, inventa naciones extremadamente vulnerables a la inflación del control paraestatal de la vida“

Errores en donde tras 200 años de conmemorar batallas, encabezadas por hombres, que violaron y colonizaron el territorio primero desde los cuerpos femeninos indígenas y negros, mezclaron e inyectaron una lengua impuesta, que hoy nos deja tantos vacíos para podernos contar nuestra propia historia. Para reconocernos con orgullo y exigir con rabia, no pidiéndole permiso a estas instituciones que in-visibilizan el feminicidio, la colonización y la discriminación.

Se trata de derechos no de asistencialismos.

La autora Rita Segato “señaló tres procesos: la aparición de un tipo de crimen, el expresivo; el crimen utilitario, y la presencia de un mandato de violación que forma parte de los mecanismos de fraternidad masculina. -Ese crimen es el feminicidio-.

Ahondando, estableció su teoría del desdoblamiento paramilitar del Estado, sobre todo en Latinoamérica –evidente en Colombia, Centroamérica y México–, que implica una tercerización del control de la vida “de sectores cada vez más amplios de población”, aseguro en muchas entrevistas. Un criollaje que se olvidó de los Mapuche, Muiscas, Ingas y Muxes. “En Hispanoamérica hay participación indígena en 345 conflictos de los 626 registrados y en 125 de los 200 de México y América Central”, detalló Joan Martínez Alier, del Atlas de Justicia Ambiental. Esta plataforma registra 2.850 conflictos ambientales en todo el mundo en los que el componente indígena está presente en el 40% de los casos”.
Ese mismo Estado ejerce una violación a sus ciudadanos, no da seguridad, equidad de oportunidades laborales, académicas, en contra de tan bellas constituciones como la colombiana que se basa en la participación de todos y todas, negros, indígenas, mestizos, etc. El autoritarismo no se ve únicamente en una dictadura, solo cuando él se autoproclama e impone su visión. O más bien la visión de un pocos poderosos que terminan siendo quienes toman la decisiones, ahí se ejerce una violencia de Estado. Nos convierte en una república de la mayoría y no en un Estado pluralista y laico.

Un Estado débil desde su concepción, que dedica su tiempo a la criminalización y persecución de los agentes de cambio y glorifica o defiende los burgueses que roban y benefician a esa elite. Lo ilegal siempre se hará en la clandestinidad y bajo la autoridad ramplona, en cambio para las personas comunes y corrientes son más los obstáculos ante la verborrea demócrata.

Por ejemplo El Protocolo Facultativo de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer fue adoptado por la Asamblea General en 1999, y obliga a los Estados signatarios a reconocer la competencia del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, para recibir y considerar las quejas expresadas por personas o grupos organizados de la sociedad civil, lo que constituye un mecanismo exigente de rendición de cuentas en materia de actos de discriminación contra las mujeres, en comparación con el mecanismo vigente de presentación de informes periódicos.

La gran mayoría de los países caribeños y una minoría de los latino-americanos no han ni firmado ni ratificado el Protocolo.
Argentina y Colombia fueron los últimos países de la región que lo ratificaren, ambos en 2007.

Según el Observatorio de equidad e igualdad de género.

La información oficial para 19 países de América Latina y el Caribe muestra un total de 2.559 mujeres víctimas de feminicidio o femicidio en 2017. Si a estos se suman los datos de otros 4 países de la región que sólo registran los feminicidios cometidos a manos de la pareja o ex pareja de la víctima, este número asciende a 2.795 mujeres muertas por feminicidio en este año.

Los datos de 2016 y 2017, muestran que El Salvador (10.2), Honduras (5.8), Belice (4.8), Trinidad y Tabago (3.0), Guatemala (2.6) y República Dominicana (2.2) son los países con mayor prevalencia de feminicidios en la región.

En América del Sur, la mayor prevalencia se observa en Bolivia y Paraguay con tasas de 2.0 y1.6 por cada 100.000 mujeres. El país feminicida México: 1,199 mexicanas fueron asesinadas en lo que va de 2019 de acuerdo al Secretariado Ejecutivo, cada dos horas y media, una mujer es víctima de la violencia machista.

Fuente. CEPAL.
En cuanto a Colombia Según Medicina Legal, entre enero de 2018 y el 20 de febrero pasado iban 1.080 asesinatos de mujeres, 12 más que en el mismo periodo del año 2017. En presuntos abusos sexuales, el incremento marca el 9,5%.

Adicionalmente En la última década los crímenes contra miembros de la comunidad LGBT aumentaron en 10 países de América Latina. En Brasil hubo 958 crímenes en 3 años y en Colombia 142 fueron masacrados en medio del conflicto armado.

En conclusión no se dejen colonizar el pensamiento, busquen sus fuentes, duden de esa verdad que nos muestran los medios de comunicación, donde se les exige protocolo a la revolución y donde se les sigue cuestionando a ciertos cuerpos la forma de tomar la palabra y hacerla propia, aun en tiempos violentos.

Fuentes.
1. https://www.lahaine.org/bO24
2. http://www.puntoycoma.pe/coyuntura/reportaje-como-se-origino-el-movimiento-ni-una-menos/
3. https://www.pagina12.com.ar/212316-lula-respaldo-la-marcha-de-las-mujeres-en-brasilia
4. https://politica.expansion.mx/cdmx/2019/08/16/marcha-feminista-cdmx-contra-agresion-sexual
5. https://oig.cepal.org/es/indicadores/paises-que-han-firmado-ratificado-protocolo-facultativo-la-convencion-la-eliminacion
6. https://oig.cepal.org/es/indicadores/feminicidio
7. https://www.cepal.org/mujer/noticias/paginas/3/27403/violenciadegenero.pdf
8. https://www.semana.com/nacion/articulo/cifras-de-violencia-contra-la-mujer-en-2018-y-2019/604118
9. http://agenciapresentes.org/2019/03/15/cidh-en-alerta-por-la-ola-de-ataques-a-lgbt-en-lo-que-va-de-2019/

NO QUEREMOS

Bogotá es ciudad ligada a las costumbres, a lo que está bien visto, a lo que debe ser, a reconocer solo en unos cuerpos características estúpidas como la pulcritud, es un lugar donde casi todo debe llegar a lo estético para reconocer algo en el otro. Profesionalismo, valores o deseos. Así mismo quienes allí convivimos en una gran pesca milagrosa donde todos buscan sobrevivir pero no se permiten parar a mirar realmente lo importante. Casi 50 años después de la aparición de los derechos sexuales y reproductivos, aun nos aterra que una mujer rompa ese fatalismo biológico al expresar abiertamente QUE NO QUIERE SER MADRE. Permitiendo que continúen ocultos muchos machos con discursos de deconstrucción pero tóxicos e incapaces de relacionarse de una manera diferente a la violencia, a la agresión a ese discurso de la guerra.

En todas las mujeres o casi todas he podido reconocer esta manera particular de habitar el mundo que no podemos dejar perder por un afán de igualdad radical, por un afán de parecerse cada vez más al modelo universal de sujeto, modelo diseñado exclusivamente para los varones. Este sujeto de la modernidad, de raza blanca, burgués, heterosexual, judeo-cristiano, varón, depredador y guerrero, y pues ya estamos adelantados ya han pasado años, pero las cosas no cambian y aun no se nos ofrece tanto a hombres como a mujeres nuevas maneras de ser.

Frente a este modelo, ellas quieren ser mujeres, siempre y cuando asuman que el hecho de ser mujeres no yace en la indiferencia, como nos lo recuerda Alessandra Boccchetti en su libro, Lo que quiere una mujer; una mujer para la cual la historia de su sexo, su género, se vuelve algo significativo y determinante para pensar el mundo y actuar en él. Tienen demasiadas experiencias y saberes que ofrecer al mundo para disfrazarse de hombres, ¡por favor¡ exiliando estos saberes, negando estas historias, silenciando nuestra palabra frente a los grandes debates contemporáneos de la modernidad, o peor aún, ausentes de las mesas de diálogos, de negociación y en general de las agendas de paz de ese país en guerra.

En donde no se juzgue por cómo se piensa, se actúa, se proyecta la identidad, a veces creo que eso es una utopía más del feminismo, que siempre habrá un hombre o una mujer que diga abiertamente usted cállese. ¡Y es ahí cuando hay que gritar¡

Hay una necesidad hoy de feminizar el mundo, me refiero al hecho de que el mundo se deje impregnar de esta diferencia fundante de la humanidad: la diferencia sexual, la más irreductible de todas; feminizar el mundo significa construir una cultura incluyente, dual, verdaderamente mixta para la cual la mixticidad no es neutralidad. Y no es, por supuesto, a partir de una representación debilitada y sufrida de lo femenino, de un marianismo o maternalismo todopoderosoeso ya no sirve, es desde las conciencias que transformaremos el mundo. Me refiero a esta mujer inaugural, sujeta política y de derecho, que entendió que igualdad y diferencia son conceptos no sólo compatibles sino imprescindibles en sus actuales luchas. Seguir disfrazándonos de hombre contribuirá a desconocer el carácter dual fundante de la cultura y la humanidad empobreciéndola dramáticamente. Somos mujeres con pene.

Quieren, por lo tanto y a partir de lo anterior, hacer política de otra manera. Hacer política partiendo de sí mismas, partiendo de sus experiencias, de sus saberes para cuidar y mantener la vida, de sus maneras de habitar y, por consiguiente, comprender el mundo. UN MUNDO SEGURO, NO TENER MIEDO DE SALIR A LAS CALLES. Queremos aprender a dudar del poder tal como los hombres lo han ejercido y abusado. De ese poder no queremos. De ese poder que, ya lo sabemos, no ha hecho muy feliz a nuestros compañeros, de ese mundo desolado que rodea la verticalidad masculina, no queremos; de ese heroísmo solitario del macho, de esa facultad de nunca llorar en público, de no sentir, de darlo todo, hasta la propia vida, por cualquier meta, desde lo laboral hasta llegar primero al cruce de la vía, de ese universo de competencia guerrera, de esa soledad del poderoso, de ese desierto emocional, no queremos. Por esto, para las mujeres se han vuelto imprescindible hoy re conceptualizar el poder, redistribuirlo, y tal vez por esto prefieren hoy hablar de autoridad.

FRENTE AL ABORTO ¿cuántos años de cárcel tuvo que purgar sólo porque todos los que pretendían juzgarla lo hicieron desde sus experiencias de hombres y ninguno, ni el médico, ni el juez, ni el fiscal, ni siquiera la Corte Suprema pudieron descentrarse algo de esta condición de hombre-varón, sujeto universal y único referente del discurso oficial del derecho. Díganme ¿cuál operación misteriosa, cuál transmutación insondable del lenguaje transforma una mujer víctima de una violación en culpable cuando se decide a recurrir a la justicia? ¿Cuánto tiempo tuvimos que esperar para que los abusos sexuales, las violaciones y las múltiples violencias domésticas, fueran reconocidos y tipificados en los códigos penales? ¿Cuánto tiempo tendremos aún que esperar para que las mujeres sean reconocidas civil y legalmente desde sus diferencias existenciales?

Sí, queremos civilidad y dignidad desde una mirada que atraviese críticamente esta cultura del entre-hombres. La mirada de las feministas italianas nos previene una vez más en relación con los efectos perversos de la metonimia Hombre con H mayúscula que ya ha provocado tantas desgracias).

La pregunta ¿qué quieren las mujeres? va de la mano de otra pregunta: ¿Qué tan visibles son hoy las mujeres? Y las diversas respuestas que aún siguen mostrando su invisibilidad conducen a afirmar sin duda que las mujeres quieren participar en el cambio del mundo. Pero participar desde la diferencia. Hoy día se reconocen, se nombran, se ven, se oyen siempre y cuando se porten como hombres, siempre y cuando no desordenen lo que los varones construyeron desde hace siglos: un mundo hecho a la medida de sus experiencias fálicas.

Por último es creer en nosotros y nosotras mismas. Tarea difícil porque ¿cómo conocernos, reconocernos, escucharnos, apoyarnos y creer en nosotros y nosotras mismas cuando fuimos amaestrados y amaestradas para creer en el otro, siempre masculino, en el dios masculino, en el padre, en el hijo, en el maestro, en dos palabras, en el falo?; ¿cómo creer en nosotras mismas cuando nuestro discurso, nuestra palabra fue imposibilitada históricamente y tachada ideológicamente?; ¿cómo recuperar un mínimo de credibilidad y de autoridad si nuestro imaginario quedó en el exilio durante milenios?; ¿cómo desplazar la rivalidad que fue resultado de la ley del padre y de toda la maquinaria patriarcal y construir en su lugar la sororidad, o la autoridad femenina como nos los recomiendan las feministasposmodernas?

FUENTES.

1. Florence Thomas, feminismo y feminismos ¿Y entonces qué más quieren las mujeres?

http://www.redalyc.org/pdf/213/21301006.pdf

2. Grupo mujer y sociedad, Mujer, amor y violencia.

http://bdigital.unal.edu.co/45756/1/9586012875.pdf