Indignación normalizada entre la cólera y la Esperanza.

Bogotá D. C.

Sábado 27 de Julio 2019

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Históricamente nos han ido moldeando y dejando muy claro cuales son los caminos o rumbos sociales e intelectuales permitidos según el cuerpo y la clase donde se nazca, siempre nos van diciendo que es lo qué debemos hacer y cómo lo debemos hacer, concretamente  creo que en ello  está la diferencia, ya que si logramos hacer un equilibrio, logramos seguir con los ojos bien abiertos reconociendo cada una de las reglas impuestas, será más fácil echarlas abajo. Ya que el cuerpo es casi que para el otro, el cuerpo para ser admirado, referenciado, criticado y aprobado, por eso en éste o a partir de éste, se configuran unas determinadas relaciones de dominación y distinción: dominación en la medida en que se genera una lucha por alcanzarle, quien tiene ese cuerpo deseado tienen en sus manos cierto poder: “El interés que conceden las diferentes clases sociales a la propia presentación, la atención que le prestan, la conciencia que tiene de los beneficios que aquellas aporta y las inversiones de tiempo, de esfuerzos, de privaciones, de cuidados que le otorgan, realmente están condicionadas con las posibilidades de beneficio materiales o simbólicos que razonablemente pueden esperar de la misma.” (Bourdieu, 1998: 203).

Todo ese entretejido que nos veden  en comerciales y estilos de vida saludable que para muchos es normal para otros inaccesible, hace que exista  una competencia sustentada en las relaciones sociales y sea nutrida por los medios de comunicación. “La opción por el cuerpo femenino bello y delgado está más allá de un goce estético. Tiene que ver con el poder que ese cuerpo-espectáculo le endosa al momento que se exhibe junto a él.” (Cerbino, 1998: 169).  Esto también toca a los hombres, quizá no es la misma forma pero tiene sus parámetros establecidos para su cuerpo ya que obliga a los hombres a pasar por tres estados específicos para alcanzar el reconocimiento como “hombre de verdad”: la virilidad en la juventud, el trabajo y posibilidad de ser proveedor e independiente en la etapa de transición y finalmente el regreso al ámbito privado con la conformación de una familia pero en donde se debe desempeñar como máxima autoridad: << a mí nadie me contradice<<  y esto tiene  más que ver en quienes pueden hablar, quienes pueden tener voz y lugar de decisión  haciendo énfasis a que características estéticas debe cumplir para hacérsele posible y reconocérsele esta actitud.

“Para los varones entrevistados la capacidad de proveer y de ser responsables por otros (y, por lo tanto, ejercer autoridad sobre ellos) constituye el punto que diferencia el trabajo como vía de ingreso al espacio masculino y de confirmar la masculinidad, y el trabajo como la consagración de la hombría”: (Fuller, 2001: 329).

El premio de los modelos hegemónico de masculinidad y feminidad son la distinción, la aprobación que encuentran los agentes sociales; el sentirse admirada la mujer y reafirmado el hombre, pero más que ello aceptada y aceptado por el otro(a), lo cual repercute en su forma de percibirse y relacionarse con el otro, “Las mujeres que cuentan con ese capital corporal, obtienen de su cuerpo una doble seguridad: creen en el valor de la belleza y en el valor del esfuerzo para embellecerse, y asocian así el valor estético con el valor moral, se sienten superiores tanto por la belleza intrínseca, natural de su cuerpos, como por el arte de embellecerlos y por todo lo que se denomina la compostura, virtud inseparablemente moral y estética que constituye negativamente lo “natural” como dejadez.” (Bourdieu, 1999: 204).

Y cabe mencionar que “lo natural también” es una construcción social patriarcal. Para Florence Thomas el universo femenino es interno, en contraposición al masculino que es externo, y el mismo se divide en dos formas de feminidad: la feminidad seductora y la feminidad oficiosa y reproductora, al estar constreñidas a dichas formas de feminidad la existencia o muestra de una mujer diferente es tomada como una introyección y asimilación de los valores masculinos:

“La única manera de ser diferentes es ser igual a un hombre porque la sociedad se desarrolla en torno a una dialéctica de amo-esclavo, sujeto-objeto, absoluto-relativo.” (Thomas, 1993: 4).

Es entonces cuando debemos preguntarnos hasta donde ejercemos una cantidad de derechos que tenemos por el horrible hecho de ya estar aquí, eso no se puede cambiar, pero si el cómo seguimos el desarrollo de nuestra existencia, que tanto cuestionamos y que tanto nos domesticamos para agradarle a los otros, alejándonos así de nuestra subjetividad.

“El sujeto se forma en la voluntad de escapar a las fuerzas, las reglas y poderes que nos impiden ser nosotros mismos, que tratan de reducirnos al estado de un componente de un sistema y de su control sobre la actividad, las intenciones y las interacciones de todos. Esas luchas contra lo que nos arrebata el sentido de nuestra existencia son siempre luchas desiguales contra un poder, contra un orden. No hay sujeto si no es rebelde, dividido entre la cólera y la esperanza.”(Touraine, 2005: 129).

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Publicado por

ESCACHAR

Blog de pensamiento crítico, feminismo, periodismo.

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