Del sesgo al hecho

Ya no reconozco a quién me habla, ya no quiero pensar que todo lo que soñé no será, la única certeza que tengo, que he comprobado es que la desesperanza siempre está presente, austera y espectante a la mesa para manosear el plato sin probar bocado, para deshacer lo poco que he logrado reunir en estos tiempos de crueldad. Eso a ella no le interesa, con su huesuda mano espulga los detalles más profundos y sabe cómo decirlo. De qué hilo tirar para que todo se derrumbe a mis pies y quedé sollozando en un rincón.

Tanto la verdad como la vida son subjetivas, depende del color del cristal con el que se miren. Yo no puedo ver las cosas diferente, pero es que en verdad no puedo, me lo debo a mi mismo. A mi pasado, a mis circunstancias. No olviden que aquellos que se refugian en sus privilegios, en sus excusas de tiempo y obligaciones son COMPLICES. Pues seguir en su iPhone, su carro, en su moto, en su burbuja y juzgar al otro por no tener es ridículo. Promover que eso aparente y estético es lo único que importa, solo las opiniones de sus “iguales” son las únicas que les importan. Son las únicas que tienen valor casi que para todo el mundo. Como si endeudarse y plástificarse fuera garantía de razón o censatez, los demás son sesgos de personas con pensamiento de pobre. Eso me recuerda la inquisición, los centros de concentración y para no irnos tan lejos lo miles de colombianos que tienen que hacer de su vida un malestar constante para que otros vivan más tranquilos. Lo mismo de siempre que muchos estén jodidos no me importa siempre y cuando a mí no me afecte. Siempre y cuando pueda blanquarme y pasar desapercibido ante la burguesía ramplona, consumista y clasista capitalina.

Creo que la rabia es un motor creativo. Quisiera que entienda que la gente trabaja por obligación, por gastos, por deudas no por gusto. Debería, pero aquí en este matadero humano, en este retardo donde aflorar las infecciones y los virus es importante resaltar que los derechos se volvieron privilegios y para no caer en sospecha hacemos lo que sea necesario. No queremos ser los locos, groseros y exagerados.

Soy feliz pensando en eso. Creando un éstilo, una línea, haciendo una raya y defendiendo lo que para mí es importe, no tengo ropa nueva, ni cosas lujosas pero seguramente podremos hablar de muchas que esos palurdos no entenderán. Por qué no saben que es pagar un recibo o ayudar a su familia a estar mejor. Crecen en una burbuja que hace que vean que los que no pensamos así somos unos sesgados. Pero la realidad no tiene sesgo es producto de una manipulación mediática, de esa estúpida forma de decirle a la gente como deben ser en vez de sentir y fluir si así no se lo permita el cuerpo.

Si su cuerpo, ese que ya no sirve, si su cuerpo ya bloqueo esos receptores sientase afortunado por ser capaz de tener el agua en el cuello y seguir siendo el mismo.

A mí la gente no me cambia me inspira a querer ser yo mismo.

Ilustración internet

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Publicado por

ESCACHAR

Blog de pensamiento crítico, feminismo, periodismo.

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