La hora del final.

Las rimas lo hacen pensar que ya nada es lo que fue. O si alguna vez lo fue.
Ya nada podrá ser siquiera similar. Aprendió a simular sus gritos. A aguantar el dolor. -Lo que más odia-.
A tragarse sus palabras, a guardar con el silencio cada uno de sus días, hora tras hora, como cuando ya no quieres estar. Como cuando pesa todo demasiado para dar un paso a la izquierda. La ciudad es una mapa de recuerdos que no le sirven para nada, para ahogarse en una taza de té. Que pasaron y ya, pero no basta. Cómo la vida. Cómo el bus y el tiempo.
Buscamos en esquinas o en calles pequeñitas. En esas gavetas viejas en las que todos buscamos encajar en forma de consuelo o amparo, cómo una forma de defensa. Dignificando y buscando nuevos significados.
Ya no espera el cambio, se siente escéptico y radical. Ya no quiere hablar más. Para que si da igual. Ya no quiere callarse más.

Es mejor hablar de lo que ayude. Lo que salve. Lo que sirva. Soñar con un nuevo yo, menos dependiente y más realista. Golpe tras golpe abrirá los ojos dice la vieja.

En una nube de humo quiso animarse a volar.

Ya no quizo estar de más.

“Alguna vez quieras saber la dirección
Para volver, al origen del principio”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s