Sin sabor, sin palabras por favor.

Viernes 22:16 minutos, una larga espera por delante en un pasillo angosto con algunas sillas y un noticiero que descuartizaba el país. Lo incinera para mostrar salvadores, media corruptos faltos de criterio, me cuesta creer que estemos acostumbrados a ignorar y castigar con el mensaje directo que aún no somos civilizados, qué vamos a camino la ruina, nos entretienen con sus publireportajes a favor del Alcalde de Santander o la liga Sudamericana con final en Europa, promoviendo asi un pensamiento colonizado, impuesto y manipulado que nos cega y nos separa.

Es por esto que urge la construcción de una indetidad que de cara a la historia que nos muestra un fragmento chato, cómodo y frio de Colombia,

“La generación de la Independencia perdió la primera oportunidad de liquidar esa herencia abominable. Aquella pléyade de jóvenes románticos inspirados en las luces de la revolución francesa, instauró una república moderna de buenas intenciones, pero no logró eliminar los residuos de la Colonia. Ellos mismos no estuvieron a salvo de sus hados maléficos. Simón Bolívar, a los 35 años, había dado la orden de ejecutar ochocientos prisioneros españoles, incluso a los enfermos de un hospital. Francisco de Paula Santander, a los 28, hizo fusilar a 38 prisioneros de la batalla de Boyacá, inclusive a su comandante. Algunos de los buenos propósitos de la república propiciaron de soslayo nuevas tensiones sociales de pobres y ricos, obreros y artesanos y otros grupos marginales. La ferocidad de las guerras civiles del siglo XIX no fue ajena a esas desigualdades, como no lo fueron las numerosas conmociones políticas que han dejado un rastro de sangre a lo largo de nuestra historia.

Todos los matices del ejercicio profesional y todas las acciones de la vida cotidiana tienen un sentido profundamente político, en tanto siempre inciden en el mantenimiento o en la transformación de la cultura, en la ampliación o restricción de la democracia.

Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versión complaciente de la historia, hecha más para esconder que para clarificar, en la cual se perpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan glorias que nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no se parezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a su historia escrita.

Por lo mismo, nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. Semejante despropósito restringe la creatividad y la intuición congénitas, y contraría la imaginación, la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen los textos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de los adultos, y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y sólo en eso.”.

Nos limitamos a ver lo que queremos ver y otro ángulo lo rompemos y no necesariamente #escachandolo. Sin más reparo me despido por un tiempo. Hago una pausa para poder continuar.

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Fragmento de un país al alcance de loa niños. Gabriel García Márquez

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