Reafirmarnos cuántas veces sea necesario

Entre largos silencios solo se acumula rabia en mi interior. Ya siento que no merecen más mi razón. Ya no soporto más esa situación donde los poderosos siempre tienen la decisión, nos borran la cabeza, nos quieren siempre en blanco, sin objeción, sin algún cuestionamiento a sus gritos destemplados. Nos roban los mejores años de nuestra de vida, nos quieren sin nada vacíos de mente, solo quieren que defendamos sus intereses olvidando quienes somos o qué podemos ser, quizá para nada mejores si no diferentes a eso que todos adoran y que no los deja ver cómo me siento hoy.

Para que todo tan arreglado y preparado, para que tanto amor desmesurado. Aún no entiendo porque todo lo esconden como si fuera un secreto important1e, en esos pactos de silencio se es cómplice del patriarcado, se finge que no molesta, que no irrita y por el contrario se reproduce, se come callado y se aguanta como se nos ha enseñado.
Esa ceguera conveniente dónde reposa su recorrido, su largo camino de logros que sólo tiene sentido ante a un sistema opresivo que lo volvió un individuo, un consumidor un producto de sí mismo. Lejano de aquellos seres sentipensantes que siguen siendo la utopía feminista del mañana.

Solo con lágrimas encuentro la fluidez para que salgan las palabras, la rabia es mi principal fuente de inspiración y motor de creación. Ya no importa si son las 3 o las 5 pues no vivo como quisiera si no cómo me toca, por un montón de deudas e imposiciones que ninguno aquí busco pero si heredó de esa consciencia corrupta colombiana que grita más fuerte un gol o un huevón que una injusticia. “De corazones de alquiler y cerebros talla s, dónde están vacías las mentes y llenos los bares”.
Nos impusieron la mentalidad de los dueños, de los patrones, los poderosos, de esos pocos adinerados. Para alejarnos y distraernos. Para hacernos pelear. Primero tenemos que entender que es su juego, no creemos dependencias, nos debemos hacer lazos o nexos que requieran una relación jerárquica, préstamos, beneficios que luego puedan ser costos. La cuestión es que ¿ A qué precio se accede a un derecho en momentos como estos? cómo el comportamiento normaliza el castigo, la falta a la producción, a la inversión, la falta de reproducción a la ganancia y no a la parte humana, a profundizar en otras experiencias dónde cada uno es fuente infinita de mundo de posibilidades, de característica particulares positivas o negativas pero propias que marcan una experiencia en el mundo. Una mirada sobre el mismo y su pasado. Quizá de cómo poder aportar desde su actos ha que sea mejor no solo para él sí no para el resto de especies del mundo, cuando nos creemos dueños de todo, vigilantes y conocedores de la verdad.
Ven una generación cómo otra más, que nada hará pues esto seguirá igual si seguimos pensando de la misma manera. Ya no siento necesarias búsquedas, recetas o fórmulas. Ya no creo en entender a nadie que no se permita ver más allá . Ya casi que no creo en nada por eso mismo. Solo en un gato negro que me sigue y me empuja para saber si sigo ahí.

Reafirmarnos que en el cambio, en soltar, en ser liviano, en no traer maletas, no tener de más… en volarse la cabeza, es crear ese lugar donde nadie más puede estar. Tu lugar, tu mirada y tú valor.

¿Existe un compromiso profesional?

En la actualidad donde se reconoce la educación como un derecho y no como un privilegio es necesario tener en cuenta que el proceso de educación tiene un carácter profundamente político donde se instalan nuevas perspectivas sobre la vida, dependiendo de las sensibilidades de dichos sujetos sociales que ven en la acción de educarse el inicio de un proceso revolucionario interno que determina absolutamente su manera implícita de relación entre educado y su  contexto,  educado y su entorno social, determinado por la economía, la cultura y las terribles relaciones de poder que hoy se reproducen sin algún pudor.

La cuestión del compromiso del profesional con la sociedad nos plantea algunos puntos que deben ser analizados; algunas reflexiones de las cuales no podemos huir, como esas voces de mando encadenadas a figuras estereotipadas siempre bruscas y masculinas, cuando todos sabemos que el poder femenino, esa energía femenina es más fuerte pues estamos inmersos entre tramas, jerarquías e imposiciones sociales dadas con eso que algunos llaman el “regalo de la vida” y que al parecer no quieren o no creen que podamos cambiar.  Es ahí cuando se hace necesario para aclarar el tema, la expresión: “el compromiso del profesional con la sociedad” nos presenta el concepto del compromiso alcanzado al cual sigue el término práctico y ético directamente con la sociedad, la gente.

Es decir, el ejercicio profesional no se puede desprender del sujeto y es ahí cuando se reconoce la importancia de humanizar el mundo. De continuar con un legado de auto-construcción del pensamiento critico y con esto la gesta de un mejor lugar donde los derechos estén al acceso de todas y todes.

El verdadero compromiso es la solidaridad, y no la solidaridad con quienes niegan el compromiso solidario, sino con aquellos que, en la situación concreta, están convertidos en “cosas”: en simples reproductores de aquello que sus madres, profesores, maestros y jefes les ordenaron hacer de por vida, limitando su capacidad de pensar, actuar, hablar y explorar una estética y un gusto basado en su criterio personal, sin olvidar su historia, para no verse entonces limitados a repetirse eternamente como un prisma gris y aburrido.

Esta es la razón por la cual el compromiso verdadero, que es siempre solidario, no puede reducirse jamás a gestos de falsa generosidad o hipócritas (políticamente correctos) ni puede tampoco ser un acto unilateral, en el cual quien se compromete sea el sujeto activo del que hacer comprometido y aquel con quien se compromete con ideas de mantener los valores e ideales clavados a nuestra historia como la cruz, con el peso de unos pecados que ninguno aquí ha cometido. Esto sería matar la esencia del compromiso, que siendo dinámico permite un ejercicio reflexivo entre el hombre, su entorno o su contexto y la realidad neta detrás de cada acto, movimiento, gesto, palabra. La carga política sobrentendida en nuestra forma de relacionarnos, de abrazar jerarquías que nos posicionan en lugares inamovibles y en escenarios perpetuos donde la liberación es una palabra horrible y difícil de escuchar, imagínense, mucho menos fácil de tolerar en los demás.

Esta es una invitación a ser rebeldes con argumentos, no solo por ser un estereotipo rebelde o trasgresor.

“Pelea, sé rebelde, no dejes que te anestesien,
sangre caliente, hambre en los dientes,
expresa tu verdad, desaparece, sé un canal.

Alza tu voz, sé valiente,
no te dejes arrastra por la corriente,
no te conformes, dí algo que cuente,
comunícate con la gente”.

Fuentes: Paulo Freire – Educación y Cambio.

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Sin sabor, sin palabras por favor.

Viernes 22:16 minutos, una larga espera por delante en un pasillo angosto con algunas sillas y un noticiero que descuartizaba el país. Lo incinera para mostrar salvadores, media corruptos faltos de criterio, me cuesta creer que estemos acostumbrados a ignorar y castigar con el mensaje directo que aún no somos civilizados, qué vamos a camino la ruina, nos entretienen con sus publireportajes a favor del Alcalde de Santander o la liga Sudamericana con final en Europa, promoviendo asi un pensamiento colonizado, impuesto y manipulado que nos cega y nos separa.

Es por esto que urge la construcción de una indetidad que de cara a la historia que nos muestra un fragmento chato, cómodo y frio de Colombia,

“La generación de la Independencia perdió la primera oportunidad de liquidar esa herencia abominable. Aquella pléyade de jóvenes románticos inspirados en las luces de la revolución francesa, instauró una república moderna de buenas intenciones, pero no logró eliminar los residuos de la Colonia. Ellos mismos no estuvieron a salvo de sus hados maléficos. Simón Bolívar, a los 35 años, había dado la orden de ejecutar ochocientos prisioneros españoles, incluso a los enfermos de un hospital. Francisco de Paula Santander, a los 28, hizo fusilar a 38 prisioneros de la batalla de Boyacá, inclusive a su comandante. Algunos de los buenos propósitos de la república propiciaron de soslayo nuevas tensiones sociales de pobres y ricos, obreros y artesanos y otros grupos marginales. La ferocidad de las guerras civiles del siglo XIX no fue ajena a esas desigualdades, como no lo fueron las numerosas conmociones políticas que han dejado un rastro de sangre a lo largo de nuestra historia.

Todos los matices del ejercicio profesional y todas las acciones de la vida cotidiana tienen un sentido profundamente político, en tanto siempre inciden en el mantenimiento o en la transformación de la cultura, en la ampliación o restricción de la democracia.

Somos conscientes de nuestros males, pero nos hemos desgastado luchando contra los síntomas mientras las causas se eternizan. Nos han escrito y oficializado una versión complaciente de la historia, hecha más para esconder que para clarificar, en la cual se perpetúan vicios originales, se ganan batallas que nunca se dieron y se sacralizan glorias que nunca merecimos. Pues nos complacemos en el ensueño de que la historia no se parezca a la Colombia en que vivimos, sino que Colombia termine por parecerse a su historia escrita.

Por lo mismo, nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que lo transformen y engrandezcan. Semejante despropósito restringe la creatividad y la intuición congénitas, y contraría la imaginación, la clarividencia precoz y la sabiduría del corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que la realidad no termina donde dicen los textos, que su concepción del mundo es más acorde con la naturaleza que la de los adultos, y que la vida sería más larga y feliz si cada quien pudiera trabajar en lo que le gusta, y sólo en eso.”.

Nos limitamos a ver lo que queremos ver y otro ángulo lo rompemos y no necesariamente #escachandolo. Sin más reparo me despido por un tiempo. Hago una pausa para poder continuar.

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Fragmento de un país al alcance de loa niños. Gabriel García Márquez