Mutación

No quiero que me busquen, ni encontrarme tras los pasos de alguien más. He entendido que debo dejar, esperar, es un momento de reflexionar, debo sentir con mi cuerpo: los silencios, las ausencias, esa soledad continua en calles mojadas donde corrió alguna vez la vida entrecortada, ese cliché de “sinceros” que terminaron siendo una de las tantas mentiras actuales. Momentos que giran en torno a la palabra, a la conversación, al desparpajo de lo humano, al desahogo de contarnos y al hacerlo contar el mundo en esta escena eterna.

Mientras tanto allí caen bombas.- Sí, las que conocemos en Colombia, pues ya no se ven los desmembramientos, las minas ni las violaciones, eso quedo en el pasado ya no se ve la sangre pues todo se guarda bajo el tapete bochornoso y conveniente. Aunque sepamos que siguen muriendo miles de pobres.   La vida privada la buscan teñir de un camuflado de paz. Hablan y hablan, promulgan una unión, una innovación para la que no estamos listos. No olvidemos por favor que lo personal es político. No nos están haciendo un favor o regalándonos algo, no quiero que mis derechos sean el privilegio que solo me permite una visión chata de las relaciones sociales y de poder que llevamos a diario, en  las conversaciones, gestos y estéticas que nos mantienen anclados al lenguaje de la violencia y la fuerza, como único mecanismo de ascenso social, laboral, económico y político.  Creemos nuevas formas de relacionarnos quizá más profundas, con confianza, sin reproches o reclamos. Aceptando la diferencia, aprendiendo del otro, construyendo a la vez un sendero propio.

Nos vendieron el cambio en un comercial: otro discurso que deforma la realidad, esos mensajitos que vemos tan bonitos buscan crear un molde amañado y sospechoso. Muestran una vida fácil, accesible como si no se necesitará de una entrega y un deseo de cambio; se limitan mencionarlo sin  perfilarlo al conflicto que nos interpela a todos y todas, desconociendo las causas de estas mutaciones. Sin la actual opción a decidir en nuestro país por falta de acceso a la información, a la educación y al saber en general, solo reconocen un único saber: el blanco, heteronormativo y oligarca que busca des-legitimar años de luchas sociales de los mismos de siempre, de ese trillado “los que no tienen voz”, pero presentes en hombres y mujeres con carácter comprometidos, con su papel en el mundo o al menos el de su círculo sociable. “La mayoría de las mutaciones que pensamos que son importantes para la evolución suceden de forma natural. Por ejemplo, cuando una célula se divide hace una copia de su ADN y, algunas veces, esa copia no es perfecta. Esa pequeña diferencia frente a la secuencia de ADN original es una mutación”. ES UNA NUEVA CREACIÓN.

Siendo así la mutación un espacio de ilusión, de luz y caos. De copias que se crean cada segundo  de forma diferente. Uno muta para sobrevivir: yo muté desde mi género, no lo siento estático o binario, lo siento mixto y plural. Porqué lo siento a diario  en los hombres y mujeres que me rodean, en sujetos políticos que viven sin percatarse de esto, sin enterarse de los mecanismos que reproducen en el escenario de la vida, en ese tire y afloje de las relaciones personales. La mutación entonces varía según el caso de virus a virus, de cuerpo a cuerpo, de mente a mente… Los virus se reproducen a través de células huésped. (Es decir exteriores/ajenas al cuerpo) El virus inyecta su ADN o ARN en éstas (células/mentes/cuerpos), habilitando la capacidad del virus para que la célula inicie a reproducirse más y más en masa hasta inundarnos, hasta llegar a ser miles de copias idénticas; Es ahí donde unas células nuevas, con ingredientes nuevos, dando espacio a la diversidad, a la nueva posibilidad de no encasillar: No recibamos el nombre que otros pusieron sobre todos nosotros hace siglos, centrémonos en  construir un nombre propio lejano de los vejámenes de una sociedad machista y patriarcal.

Sé que soy como cualquiera con unos instantes de agonía en que se convierte la existencia en creativa, también con muchos fríos y solitarios,  siento que ese es uno de los retos de la vida, saber domar el animal, tenerlo en calma en la abundancia y con perseverancia en la escasez. Tendiendo siempre claro el objetivo, buscando con constancia que la vida no se aleje de las letras, intentando analizar el mundo y ambicionar, desear, soñar con contarlo lo más fiel a lo vivido y experimentado. A lo que cuenta la historia. Ya no sé hace cuanto no lo puedo hacer, creo en el fondo que nunca lo sabré hacer. Hace mucho que no soy el mismo, que no siento nada. Pero hace una infinidad de horas no quiero que todo se hunda en un pozo oscuro de pesadez, de  antipatía o de ensimismarme, de negarme la posibilidad creativa, en vez de imaginar una  pero bajo mis propios criterios.

Creo que somos tímidos y poco ambiciosos con el lugar que queremos para nosotros, hemos aceptado sin objeción ese nombre, ese rol, ese destino fatal que los otros nos dictaron. Me rehúso a llevar una vida en la que no pueda dar rienda suelta a mis ideas y profundizar en ellas, abriendo un camino hacia una identidad crítica feminizada, que me permita expresar mi descontento, mi desánimo y mi diga rabia proletaria por esa vida atolondrara, básica y provechosa a la que muchos optan por encajar. Oprimidos que se reflejan en los opresores, los adoran solo  “hacen lo conveniente, sonríen y asienten”.

Mi cuerpo mutó, mis células no son las mismas de hace 13 meses, o de ayer. Busco mutar esta realidad sin llegar a la ficción, busco otras maneras de contar quien soy, una más profunda. Propia del femenino de periodista. De uno que busca máscaras para no imponerse, si no ser un vehículo. Un medio. Me encuentro en una búsqueda constante donde me permito mezclar quien soy con quién quiero ser, sin encasillarme, sin cegarme por el deseo, por el miedo o el odio profundo. Creyendo en un amor capaz de salvar mi mundo: El propio.

 

 

 

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Una historia fraccionada, nos vale una vida en riesgo.

En un presente en el que no dependemos de las etiquetas, de los géneros o las orientaciones sexuales, y algunos aseguran de la clase social, lo cual es válido cuestionar. Si entonces estamos atravesando este hito histórico ¿qué pasa qué no veo la indignación frente a muchos casos, que hoy merecen repudio?

La violencia de género no discrimina clase, raza o identidad, “en 2018 se han registrado al menos 760 casos de violencia de género , entre los 20 y 34 años. En el país ya van 3.014 y 1.400 hacia hombres pero esto ya se ha dicho muchas veces, las cifras son molestas claramente, pero logran desenredar un poco el tema y así poder ilustrar la situación. A nivel nacional “se reportó en Antioquia (28 crímenes), Valle del Cauca (28), Bogotá (12), Bolívar (12), Tolima (7) y Norte de Santander (5), hacia mujeres transexuales o transgenerista y hombres gays en promedio de edad de 37 años”. Entendiendo que solo el 10% de las víctimas denuncia.

Además de 5.870 casos de violencia contra niños y niñas, aseguran que cada año 10.082 menores son víctimas de violencia sexual. Esta situación indiscutiblemente tiene que ver con los roles de género establecidos en la sociedad colombiana. Tiene que ver con cómo se nos enseñó a ser hombres y mujeres en una sociedad violenta y patriarcal. Como utilizamos esos imaginarios colectivos de los medios masivos de comunicación para lograr identificarnos, ya sea como heteronormativo o trasgresor, puesto que no hay grises. Cómo nos han contado la historia, a pesar de tener una actitud revolucionaria frente al estatuto quo, la violencia ha sido la única herramienta de trasformación en 60 años. Y esto se nota en la manera de relacionarnos y de mediar con las diferencias. Ya que han sido los hombres con una visión chata del socialismo, quienes cuestionan el sistema hegemónico.

Desde lo cotidiano, desde esos espacios comunes se construye democracia, de problematizar lo diario como las jerarquías laborales, sociales y emocionales. Todo está medido por un grado económico y sentimental, esto también se le debe a la manera que nos enseñaron en nuestra cultura maternalista, a construir futuro, en donde es noticia que una mujer no quiera ser madre, después de haber sido esta una proclama en los 60 sesenta en otras partes del mundo. Esa es la credibilidad del colombiano, lo qué le quieran contar y cómo se lo quieran contar: desde que se rían. No importa. De ahí surgen los modelos o los estereotipos de género, para obtener poder hacia los demás, para influenciar no sé si de manera positiva o negativa, pero si para mover ideas; Aunque algunas personas lamentablemente se limitan a un proceso de dar órdenes y obedecer, no de cuestionar y tomarse el tiempo de analizar. (Opresores/ oprimidos) Ya que este sería el método más efectivo para construir verdades, al tener claro que verdades únicas, no existen. Pero si los estereotipos dañinos de masculinidad y feminidad que permean la realidad política y social. Que impiden el acceso a los derechos invisibilizando a la mitad de población. Creando pequeños grupos a los que se les permite la circulación del poder, mientras otros cuerpos, la gran mayoría se dedican únicamente a la reproducción, a generar riqueza, bienes, servicios por costumbre, por educación y moralidad e insertarse en una hegemonía local, criolla muy machista.

Desde los imaginarios colectivos, que intentamos reproducir, ese ideal de hombre educado que brillo con los derechos humanos, laborales, algunos reivindicativos en el caso de las personas LGBTIQA y las mujeres, que hoy cuentan con una representación y legislación específica, así a muchos les parezca exagerado. Sin embargo las cifras hablan por sí solas. Si me lo permiten siento que este problema va más allá, de las opiniones personales, de los discursos idealistas, incluso de las mismas utopías deconstructivistas, anticolonialistas y feministas.

Tiene que ver con cómo nos proyectamos desde lo que conocemos de la historia, como sabemos y cómo podemos evidenciar toda esta carga violenta, si solo sabemos una parte de la historia, como deslumbrar las fuerzas que ejercen a diario las relaciones personales en el trabajo, con los amigos, con los enemigos, en la calle buscando caminar tranquilos ignorando unos hilos que nos modelaran y delinearan el camino creyendo verdad la que nos han enseñado desde pequeños, de la reproducción natural y original, a callar al débil y darle protagonismo al fuerte; algunos teóricos lo llevan al análisis contextual que se extiende desde hace siglos, y que hoy se mantiene: “La crisis de población de los siglos XVI y XVII convirtió la reproducción y el crecimiento poblacional en objeto de debate intelectual y asunto de Estado. Para regular la procreación, y quebrar su control por parte de las mujeres, se intensificó la persecución de las “brujas”, se demonizó cualquier forma de control de la natalidad y de sexualidad no-procreativa, y se impusieron penas severas a la anticoncepción, el aborto y el infanticidio. El resultado fue que se esclavizó a las mujeres a la procreación: “Sus úteros se transformaron en territorio político controlado por los hombres y el Estado: la procreación fue directamente puesta al servicio de la acumulación capitalista”. La desposesión de la tierra y la devaluación del trabajo asalariado femenino condujo también a la masificación de la prostitución, tolerada en la Edad Media pero, desde el siglo XVI, sujeta a nuevas restricciones y criminalizada. Se formó, así, una “nueva división sexual del trabajo”, un “nuevo contrato sexual” que definía a las mujeres –madres, esposas, hijas, viudas – en términos que ocultaban su condición de trabajadoras, y daba a los hombres libre acceso a sus cuerpos, a su trabajo y a los cuerpos y el trabajo de sus hijos. A los hombres los transformo en jefes del hogar en cuanto a lo económico, en lo laboral hasta nuestros días es símbolo de excelencia, seguridad y carácter determinante al que muchos y muchas deben seguir, en lo social se robo el protagonismo, como único sujeto histórico capaz de escribir con elocuencia, esa mentira llamada objetividad y verdad, pero son tan incapaces de hablar de emociones sin sentirse femeninos y solo imaginar que violan su biología, su condición de hombres machos, no locas plumiferas. En esta “nueva organización del trabajo”, subraya, “todas las mujeres (excepto las que habían sido privatizadas por los hombres burgueses) se convirtieron en bien común”. Esta fue una derrota histórica para las mujeres. Para hacer cumplir la “apropiación primitiva” masculina del trabajo femenino, se construyó un “nuevo orden patriarcal” que redujo a las mujeres a la doble dependencia de sus empleadores y de los hombres. “Las mujeres mismas se convirtieron en bienes comunes”, ya que su trabajo fue definido como un recurso natural excluido de las relaciones de mercado. La familia, comenzó a separarse de la esfera pública y se configuró en la institución más importante para la apropiación y el ocultamiento del trabajo de las mujeres: en la clase alta, la propiedad daba al marido poder sobre su esposa e hijos, mientras que la exclusión de las mujeres del salario daba a los trabajadores un poder similar sobre sus mujeres”, vistas como objetos sexuales acumulables y listas para seguir trabajando en casa.

Siendo así el salario algo que da al hombre un papel de oprimido solo hasta la revolución industrial, pues siempre fue opresor, solo cuando le permitió entrar a la mujer a la fábrica, fue proletaria, mientras tanto todo el trabajo de reproducción femenino: como la maternidad y el cuidado hacia los otros es visto hasta hoy impuesto o como ítem en lo que significa ser mujer en Colombia. Sobre todo en una sociedad maternalista donde existen mujeres con pene. Es momento de reconocer esto como una realidad del presente, abrir espacio en los imaginarios para permitirnos ser y dejar de morir, por desinformados, por atravesados. Permitirnos formas equitativitas de convivencia en todos los aspectos de la vida.

A la vez es el mismo salario, algo que encadena a los sujetos y los divide clasificándolos determinantemente en la sociedad. Los hace competir y los convierte en enemigos sin importar nada, solo sobrevivir. Nada a favor de un bien común.

Fuente y foto: “La persecución de las brujas permitió el capitalismo” hoy venimos a quemar los machos y las fachas. CALIBÁN Y LA BRUJA.

-Silvia Federicci.