Ni idealistas o inmorales.

Ni idealistas o inmorales.

Soledad o  momentos propios, minutos para  interiorizar lo que sucede a toda velocidad o eso que transcurre lentamente en la monotonía de la vida; En esas horas muertas que inspiran las más cortitas, ahí dónde la dicha se esfuman en un parpadeo. Donde la espera por fin encuentra redención. Solo vanos instantes de inspiración.

 Se pueden delimitar quizá  como  momentos de mimetizar, de contraponer texturas, de observar a la distancia todo  lo que ha pasado y recordarlo, para reconocerlo y  depurarlo con el fin de mejorarnos: ser capaces  de irnos sin retorno. De no volver.  No es necesario empalagar, es esa incapacidad de espera… a lo mejor porque recela, pues nos hemos dicho muchas veces a nosotros mismos:- Que no tenemos  paciencia,  que el fuego se debe acercar con mucha precisión: “ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre”. Ni tan  salvaje, ni tan  desechable… Debemos vencer a los rentistas del miedo que nos cobran con el correr del tiempo, ese mismo que malgastamos con el que hasta nos endeudamos, debemos  romper esas falacias que abundan impunes en las redes, ahora al parecer  ¿reales, morales o asociales? No lo sé: Solamente veo una sociedad servil dispuesta a tragarse las mentiras grotescas. Ciega por decisión: Por convicción o  auto sumisión.

 Sin consumidores no tengo oportunidad de sembrar cambio, sin abono no hay futuro, derechito de culo pal estanco… prefieren vivir a dádiva de verdades elaboradas,  sin debatirlas, sin mencionar  que derechos les otorga su ciudadanía, ni como exigirlos… El pudor de demandar ser nombradas frente a la hipocresía normalizada. Les roban su palabra, nos despojan un derecho: una linda acción trasgresora, feminizadora que rapidito pone a temblar la historia, esa “a” fémina tan peligrosA para el lenguaje,  la que deseo resaltar, para no olvidar nunca más. Y así realmente se cuente lo evidente. No es solo taparnos un ojo y hacernos las victimas un ratico. A  aquellos que viven en el confort de la confianza que les otorgan sus privilegios, prejuicios, emociones y pasado no los comprendo. Nunca lo haré.

 No esperen que los vislumbre, ni quiero que me adviertan porque sé que no están al corriente de lo que les  hablo. No es por viejo, no es por sabio, si no por cascado y magullado. Por escuchar atento ese discurso diario donde nos uniforman solo por un salario. Pero el pensamiento sigue fraccionado. Quebrado. Individualizado.

Lo grande y puro siempre será controversial, siempre será incomodo, molesto. Como echar sal en las heridas, ese es para mí el tono, el clímax y el subtexto.  Por lo tanto objeto de amedrentamiento o amenazas. Mientras unos no pueden, otros  ni siquiera lo intentan. Siguen minimizando su importancia, en sus discursos fundamentalistas del buen vivir en el molde hegemónico, la libertad de expresión solo les importa hasta donde no hiera sus sensibilidades, entonces esa libertad relativa ya no es tan real, esa falta de convicción es lo que me deprime, lo que me ahuyenta. Fiscalizar los abusos de poder, con autoridad, autonomía, sin lamboneria ramplona para no desperdiciar esa oportunidad de devolver al país una voz profunda, esa voz del amor a la disciplina, a la humanidad, no a la mediocridad, ni la perfección. De saber: Corresponder a la altura y no desmerecer el privilegio de construir una mejor historia cada día. Cueste lo que cueste. Darlo todo por mí y para mí.

Describir que la decisión es felicidad, escribir me resuelve a  defender con argumentos una convicción personal, sin que me paguen o me muestren, si no por gusto y una conducta muy obsesiva. Un tanto terca que llaman…

Quedarse en la posición de víctima puede ser muy peligroso casi el camino más seguro. Pues se mantiene en el “ego-drama-queen” NO hay que evadir, con  la verdad en los dedos tomo mis certezas y digo con valor: Sí, puedo hacer algo mejor. Me merezco ser algo mejor.

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