LLUEVE, PERO ADENTRO ES SECO, OSCURO Y CADA VEZ MÁS FEO.

El vidrio de su venta era uno más de la fachada, uno más de la cuadra, uno más en la manzana,  uno más en el barrio, en la localidad, en la ciudad, uno más, como  esos que se encuentran por casualidad, luego de quedar ciego,  por el rayo de luz hipnotizante producto de lo que simplemente logramos reflejar de la realidad, solo los restos de algo maravilloso e indescriptible. No busco tener un nombre, un título, ser todo un señor,  nadie debería tener uno: ya que nos apropia de algo que no es nuestro, como nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestros  pensamientos y sobre todo nuestras verdades… Todo esto es  un vil préstamo, nada más que eso…jamás será suficiente, pues todo lo que nos satisface dura solo unos instantes y luego desaparece, después tardamos la vida entera buscando repetir esos mismos momentos únicos,  intangibles, efímeros, “tenemos parches si querés… pero no una vida de verdad”.

Se puede tantear el paso del tiempo por las marcas sobre su cuerpo roído, por su capacidad de recuperarse, de coserse, de pegarse a sí mismo. Los hombres prefieren no hablar de sus sentimientos o emociones, culturalmente se les enseña que demostrar su sentir de manera sincera es síntoma de debilidad, de inferioridad y es una presa lista para ser destrozada por risueñas hienas, pues su sinceridad atenta contra la masculinidad impuesta: TODOS deben ser  fuertes, agresivos, seguros. Todos exactamente todos iguales…lamentablemente tan patriarcales.

Desde la distancia eres uno más lleno de cosas tibias que no emocionan, que no motivan a continuar, que revelan y magnifican todos los defectos e inseguridades  del ausente. Y sobre todo, los de los otros. Como olvidar esos otros, que todo lo hacen bien, más rico, más interesante, de una forma más atrevida, quizá y seguramente más artística. Ellos sencillamente esta ahí, ellos siempre están ahí, no se han movido de ahí, pacientes a la espera para atacar sin importar el cómo, cuándo o el dónde, pues necesitan más corazones en sus manos, más nombres en su lista y más anécdotas propias de un hombre de verdad. De todo un macho de verdad.

La puerta se entrecierra por una sombra volátil y movediza, es martes pero es igual. Son horas de marcar… beep, beep- (sistema correo de voz), cuando varia… es porque contestan, y sale la frase del millón, del profesionalismo  moderno hecho postal “En este caso no puedo ayudarle en el procedimiento”. Mientras  hace una transferencia de…” y va uno a ver y ni su vida ha sido capaz de resolver. La palabra transferencia se plasma en mi memoria, no sale en días… pienso, ¿será posible hacerme una transferencia, una transfusión, un trasplante, una transformación, un tránsito?… ¡Pero todo ya está hecho mierda! nada me salvará de esto. Sólo quedan horas para aprender a montar bici, para pegarlo cada vez mejor, para rodar y tratar de dejar de pensar y pensar, mientras solo busco centrarme en escribir, seguramente borrar y lamentablemente volver a comenzar, lentamente sin afán acomodar una letra detrás de otra, sin saber en que va a terminar.

Inútilmente todo lo bonito se desmorona, carece de importa o relevancia, la moral solo juzga lo inmoral de quien no puede, ni la fama, ni la moda, o una postura intelectual, todo se puede quedar en palabras o palabritas mientras las cuentas en sus tarjetas aumentan como prioridades importantísimas, ¿esto servirá de algo? De tanto pensar en esa sensación de –todovaleverga- se da cuenta que sencillamente la diversidad, la pluralidad y el respeto a la otredad no se debe olvidar, que no se puede hacer nada, nadie es como yo quisiera que fueran, simplemente solo para mí, eso es una utopía inalcanzable. Sin encontrar otra salida se deja morir pues ya no sabe ni por qué esperar. Ni por quién esperar. Y si la espera valdrá la pena pues ya le ha pasado, varias veces: que termina solo con restos en sus manos. Durmiendo solo con los puños cerrados.

Intentando mentirse así mismo se repite una y otra vez, que solo buscan caminos diferentes, expectativas a lo mejor inalcanzables, “Los rastros de la vida se ven en los huesos” en este día, frió, gris y monótono. Un golpe se asoma, se impone ante la levedad del entorno, ante tanta superficialidad, se ven las partículas de polvo estáticas en el aire después de cada golpe, mientras se marcan sus nudillos, él se mueve para acá y luego para allá, y sus ojos se despegaron de los míos, se olvidaron tras tocar los polvos mágicos, entonces mi cuerpo es poca cosa ante semejantes modelos perfectos y novedosos. Todos iguales, terriblemente iguales, tan patriarcales, sujetos a una postura masculina predominante que sólo busca su propio beneficio y satisfacción, todos terriblemente patriarcales. todos  tan parecidos a mi, tan  patriarcal. ¿creyendome dueño de quién?

La tarde es un velo celeste, donde se atravesó una fina brisa que amenaza con arrojarme a años luz de distancia de lo que soy o quise ser, ahora cualquier cosa será ganancia.  Ahora podemos fumarnos las flores que nos hacen reír para nunca permitirnos la desdicha, pues al patriarcado le convengo  asustado y triste,  así que la meta será que vea como resisto. Y es un gusto encontrarse mensajes como este, mensajes que solo puedo desear haber logrado publicar, “si yo encontrara un alma como la mía, una alma que al mirarme sin decir nada, me lo dijese todo con la mirada”.

“De lo que se trata, señores, es de valorar a la gente, en lugar de decir que la amamos o la queremos, y de que pasemos por encima de los fáciles afectos y pongamos como principal bandera de nuestra vida la voluntad. La voluntad de actuar de acuerdo con nuestras convicciones, de ser fuertes, de decidir sin influencias”. FERNANDO ARAÚJO – EL CAMINANTE.

 

 

 

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