“Construye un mundo propio deja de ser el reflejo del otro”.

Aquellos que bailaban eran vistos como locos por aquellos que no podían escuchar la música.

-Ángela Monet

 

“Lo he dicho varias veces: en Colombia declararse feminista sigue siendo como anunciar que una tiene un terrible virus. Difícil de entender cuándo para muchas mujeres y hombres ilustrados del mundo, el feminismo es uno de los pocos humanismos que queda en pie en los albores desencantados del siglo XXI. En fin, este país está lleno de cosas incomprensibles… Por ello me parece importante retomar mitos evocados cuando uno, digo, una, se refiere al feminismo o se declara feminista. OLVIDANDO QUE TODOS LOS DERECHOS CON LOS QUE HOY SE BENEFICIAN LAS MUJERES VIENEN DE ESTA TERQUEDAD Y LAMENTABLEMENTE SON ELLAS MISMAS LAS QUE DEFIENDEN EL PATRIARCADO POR SU OBEDIENCIA A  ODIAR LA PALABRA FEMINISMO”.

-Florence Thomas

Entre arrumes de horas muertas que al reunirlos podrían hacerse enormes montañas, cerros desquebrajados  en comparación a esos pocos instantes o momentos en los que nos regalamos o nos permitimos a nosotros mismos: la valentía de decir lo que se piensa. Es manotada de deseos dorados que soplamos pocas veces. Ese cumulo de cosas  que se cree en el fondo, esa voz que no se calla a la que nombramos rápidamente pensamientos, así como si fuera cualquier cosa, sin embargo nombramos todo con lo que interactuamos en el entorno y como si fuera poco lo que sentimos: en ocasiones entre murmullos en otras en gritos taciturnos. Algunos son pactos silencios otros persecuciones sin sentido.

Siempre intento sospechar de las verdades oficiales, huyendo de una descripción uniforme del presente, de ese amasijo de carne con falo creador de realidad solo con su palabra, con su visión sesgada de todo, que nos es tan difícil de percibir así este a nuestra cara. Pareciera más fácil hablar un poco más fuerte, abrir un poco los ojos y lanzar una mirada determinante. Casi de bisturí. Para jamás perder la palabra. Desde ahí, desde ese lugar les habla un hombre como ya lo saben que intenta entender ¿por qué? Pero sobre todo cómo no nos permitimos ese deseo de expresión, de fluidez, de ser, de sentir una  esencia pura sin expectativas o subtextos en sus bonitos poemas. Esos mismos deseos que nos impulsan a diario le otorgan identidad individual a nuestra existencia. Estos deseos se pueden clasificar en deseos dominados por el cuerpo y las emociones, netamente carnales, espirituales, intelectuales y otros simplemente encontramos soledad. Algunos buscan riquezas pensando que saciará su apetito mientras otros y otras han buscado el conocimiento por siglos para saciar una sed de saber milenario. Esa diversa creación colectiva es hoy parte de una realidad donde hacia todas las direcciones apuntan rutas de huida.

Se puede afirmar quizá que el objeto de deseo más grande es la escurridiza felicidad, aunque esta sea diferente para cada uno de nosotros, al mismo tiempo nos interconecta. Vamos  hacia una luz de “felicidad” interminable. Pero ahí aparece esa delgada línea entre placer momentáneo y la satisfacción duradera. En realidad no queremos agradarles a nuestros amigos y colegas en absoluto, no queremos estar sanos solo un cuarto o ápice de nuestra vida. Queremos que nuestros deseos sean cumplidos de forma constante, rápida casi inmediata, esa velocidad enloquecida e interminable es lo que se define como vida, luz o ser lejos de una forma o materia, para lograr ser impulsados por lo deseos más profundos. A la velocidad de la luz entre redes extrañas o poco fehacientes.

 Entonces de ahí, desde donde estaba el muchacho de hace un rato, es donde surge la infelicidad porque nuestros deseos no son satisfechos de forma  inmediata por esa interconexión que nos obliga a estar, pero sin recepción como si fueran polos opuestos, solo te debes girar y veras que te puede gustar. Eso es lo difícil de lograr ya que cada deseo tira para su lado y pocas veces se permite ceder.

En esos momentos en que sales por los aires, debes aprender a no caminar en los mismos senderos y esperar encontrar nuevos paisajes. Es necesario mencionar o recordar la sutileza de la ideología impuesta, y así les incomode las cosas se deben llamar como se cree que son,  ya que es evidente: una ideología patriarcal, que no dejó nada por fuera y permeó toda manera de relacionarnos e identificarnos como hombres , mujeres o sencillamente como lo desee, ya sean heterosexuales, homosexuales, trans, queer o demás identidades no binarias y polisémicas:  absolutamente  todo el tejido cultural usas las formas del amor romántico, del deseo patriarcal. Y si hablo de sutileza es porque esta ideología no utilizó las mismas armas, o al menos no siempre, que otros tipos de opresión.” Las armas que el patriarcado se valió para mantenerse tanto tiempo fueron siempre visibles e invisibles, cubrieron desde los golpes, los cinturones de castidad y la infibulación, hasta la posesión amorosa o el sexismo del lenguaje. Fueron también — y siguen siendo— armas móviles e inmóviles, directas e indirectas, como los contratos matrimoniales mediante los cuales se vende a las mujeres con fines económicos, como las violaciones y abusos sexuales de toda clase, como las letras de vallenatos o de boleros que nos fetichizan y nos convierten en objetos de adoración”. En objetos reconocidos como dignos de ser amados, que basura. Pocos se arriesgan a hablar y construir un amor fuera del deseo de posesión, hasta  las relaciones más transgresoras remeda esos celos insoportables y esas cadenas pesadas al andar con culpas o dudas.

En ese panorama se encuentra el presente, el hoy tan lejano a lo cómodo y conocido. Pero es lo que hay… y  hay que defenderlo siempre: que no necesito su aprobación para saber el lugar que merecemos como sujetos históricos en una cultura machista y heteropatriarcal.

“Soy feminista para mover la razón e impedir que se fosilice en un discurso estéril al amor. Soy feminista para reconciliar razón, emoción y participar humildemente en la construcción de sujetos sentipensantes como los llama Eduardo Galeano. Soy feminista y defiendo una epistemología que acepte la complejidad, las ambigüedades, las incertidumbres y la sospecha.

Sé hoy que no existe verdad única, Historia con H mayúscula, ni Sujeto universal. Existen verdades, relatos y contingencias; existen, al lado de la historia oficial tradicionalmente escrita por los hombres, historias no oficiales, historias de las vidas privadas, historias de vida que nos enseñan tanto sobre la otra cara del mundo, tal vez su cara más humana. Esa que trabaja de lunes a viernes, por unos hijos, por una familia, por un sueño, por un producto de un deseo pocas veces pensado y realmente proyectado. Casi que impuesto.

En fin soy feminista tratando de atravesar críticamente una moral patriarcal de las exclusiones, de los exilios, de las orfandades y de las guerras, una moral que nos gobierna desde hace siglos. Trato de ser feminista en el contexto de una modernidad que cumple por fin sus promesas para todos y todas”. Gracias a Florence Thomas por estar antes que nadie y abrir senderos para construir un pensamiento crítico feminista, coherente que denote esa valentía de decir lo que se piensa, de nombrarnos a todos y todas y a las cosas tal y como son, sin omisión.

En ninguna de las luchas se permiten abanderar la idea de: acabar con la cultura patriarcal, la palabra les causa estupor, cualquier cosa es mejor que caer en un radicalismo utópico que nos permita ser. “Seguiremos participando en este devenir, y para ello será necesario, en primer lugar, creer en nosotras y nosotros mismos. Tarea difícil porque, como ya lo mencioné, en este nuevo devenir todo es inaugural. ¿Cómo conocernos, reconocernos, escucharnos, apoyarnos y creer en nosotras y nosotros cuando hemos sido amaestradas para creer en el otro, siempre masculino, en el Dios masculino, en el padre, en el hijo, en el maestro… en dos palabras, en el falo? ¿Cómo creer en nosotras si nuestro discurso, nuestra palabra ha sido históricamente imposibilitada e ideológicamente tachada? Peligrosa para la Real Academia de la Lengua ¿Cómo recuperar un mínimo de credibilidad y de autoridad si durante milenios nuestro imaginario permaneció en el exilio? ¿Cómo recuperarnos de semejante amaestramiento que nos ha enseñado a amar a nuestro dueño, y no sólo a amarlo sino a admirarlo, pues muchas de las obras de los hombres son admirables y no tenemos ningún problema en reconocerlo? Lo que cuestionamos es que el espacio de creación de los hombres haya sido tan excluyente, tan cerrado en sí mismo, tan ciego a la diferencia sexual, tan sordo a nuestras voces, que durante tanto tiempo más parecieron vanos susurros sin ecos ni resonancias históricas. Hoy debemos, entonces, aprender a creer en nosotras mismas para que esos susurros del pasado se vuelvan voces capaces de ocupar sin permiso un espacio” GRITAR QUE HAY ESCRITORAS, pues parece que lo olvidaron y que la literatura gay no es reproducción de estereotipos de un amor heteronormativo, si no un espacio digno desde el primer momento, sin derecho a dudar en nuestra versión del mundo, pues hemos necesitado por el contrario, ser medidos y clasificados el margen de los hombres y su visión de la verdad, de lo masculino y la libertad. ¿Pero para quienes?. Es ahí cuando otra ceguera imposibilita al mundo,  la lucha de clases, del que quiere pero no puede, pero lo que quiere es producto de un sistema de deseos del mercado. En realidad deseamos tanto qua no sentimos, solo añoramos lo que ya no tenemos o no podemos tener por falta de capital.

Seguimos frente al mismo idealismo del amor y las relaciones interpersonales, “como si el amor fuera un eterno imposible que nos atrae como el deseo de un ícaro que vuela hacia el Sol a pesar de la certidumbre de que se quemará las alas…” Ese  amor me enseñó algo,  que no puedo transmitir a nadie, o que al menos a nadie más le puede aportar o servir: “el amor me enseñó la soledad, me enseñó que en el corazón del amor está la soledad. Ya nos lo había dicho el poeta Darío Jaramillo:

“- …pero no olvides, especialmente entonces, cuando llegue el amor y te calcine, que primero y siempre está tu soledad y luego nada y después, si ha de llegar, está el amor”.

 

 

“¡NO MÁS FEMINISMO DE CALMA CHICA, HA FORMARSE EN COMO SABER RESISTIR!”

  1. Las y los feministas han declarado la guerra a todos los hombres.
  2. Todas y todos los feministas son lesbianas o locas resentidas mal comidas e insatisfechas.
  3. Feministas son mujeres o hombres que propician el libertinaje.
  4. El feminismo es para las mujeres lo que el machismo para los hombres.
  5. Las feministas son proabortistas
  6. El feminismo no es más que una teoría trasnochada de los años sesenta.

-ESTOS IMAGINARIOS LOS DEBEMOS ROMPER (ESCACHAR)

No todas las personas que se encuentren con este texto les gustará, seguro se preguntaran “¿Por qué tanto radicalismo, tanto odio por los hombres? Por favor, entienda que los hombres y las mujeres están hechos para vivir juntos, en armonía, y mujeres como usted no pueden sino desordenar todo”. Sí; creo que para esto escribo. No para decir lo que todo el mundo piensa. Escribo para desordenar viejos idearios, para fisurar viejos imaginarios. Escribo para develar contradicciones que posibiliten visibilizar malestares en las relaciones de género. Escribo para sembrar dudas, porque creo que la duda ha sido y sigue siendo el motor del pensamiento humano. Escribo para inquietar, porque detesto el inmovilismo y me gustan el movimiento, el cambio, las mutaciones; me gusta lo que nos hace más humanos, más humanas, o sea, más libres y a la vez más éticos. Este me parece un movimiento que vale la pena…”

Y ese radicalismo del amor me lleva a intentar llevar un mensaje claro y con coherencia, estudiado y pensado con mucha efervescencia “en 1981, Michel Foucault declaraba en una entrevista que “la homosexualidad es una ocasión histórica para reabrir virtualidades relacionales y afectivas”. Sin una visión crítica de la cotidianidad no se puede ser feminista y orgulloso de una identidad no binaria, consiente y consecuente con una lucha de clases de status, de una disputa en raíces comunes y sin embargo  así muchas mujeres y hombres gay opaquen el hermanamiento, desde ese llamado de auxilio es donde podemos sentirnos realmente unidos, que nuestros imanes por fin giraron y caminamos en torno a una nueva ética del amor no patriarcal.

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Fuentes: La mujer tiene la palabra – Florence Thomas

NO HAY TIEMPO (PARA QUIÉN NO SABE ESPERAR).

 

Una semana iniciaba, sin prisa y sin pausa

recordando que en el tiempo de la carne

no hay manuales o normas,

este oxido corre la piel mientas depura el alma como miel.

No permite argumentos, no da espacio a la duda

nos convertimos en presos de un deseo maldito,

arrastrando nuestros huesos sobre un campo minado

buscando alejarnos de nosotros mismos,

e inventarnos otro parecido.

La tarde se veia oscura, fria y compungida

una llamada fue suficiente para correr a su busqueda

para empredener un rumbo lejano a la penunbra

no necesitamos converncer,

no merecemos ese lastre de la verdad

de corroborar…

ese seguimiento ingenuo que nada va a lograr.

Nada de lo que hoy tengo lo desee

mi cuerpo ha cambiado

mis pensamientos se han transformado,

ya no somos los mismos jóvenes,

ya no esperamos su aprovacion, no necesitamos su resignaciòn

su lastima, o su absolución.

Ya mi cuerpo pálido y desgarbado

comprendio que no merece perdón.

Ya no me puedo mentir ante el mundo

pues mis palabras serán perseguidas y señaladas,

cuestionadas por una sociedad androcentrica,

que no acepta tal diferencia,

o tal divergencia.

Mentimos diariamente, cada uno bajo su tapete

pero no lo soportamos: sólo lo ignoramos,

ya que una muestra de amor real es dificil de asimilar,

no estamos dispuestos a tal  honestidad…

Pero si a una falsa moral.

No nos enseñaron a amar, lo imitamos al andar

dando forma a una angustia visceral,

ya que no sabemos en que va a terminar.

Nadie habla con  sinceridad,

nadie tolera tal libertad

nadie esperaba este final.

NADIE AMA DE VERDAD.

Ni idealistas o inmorales.

Ni idealistas o inmorales.

Soledad o  momentos propios, minutos para  interiorizar lo que sucede a toda velocidad o eso que transcurre lentamente en la monotonía de la vida; En esas horas muertas que inspiran las más cortitas, ahí dónde la dicha se esfuman en un parpadeo. Donde la espera por fin encuentra redención. Solo vanos instantes de inspiración.

 Se pueden delimitar quizá  como  momentos de mimetizar, de contraponer texturas, de observar a la distancia todo  lo que ha pasado y recordarlo, para reconocerlo y  depurarlo con el fin de mejorarnos: ser capaces  de irnos sin retorno. De no volver.  No es necesario empalagar, es esa incapacidad de espera… a lo mejor porque recela, pues nos hemos dicho muchas veces a nosotros mismos:- Que no tenemos  paciencia,  que el fuego se debe acercar con mucha precisión: “ni mucho que queme al santo ni poco que no lo alumbre”. Ni tan  salvaje, ni tan  desechable… Debemos vencer a los rentistas del miedo que nos cobran con el correr del tiempo, ese mismo que malgastamos con el que hasta nos endeudamos, debemos  romper esas falacias que abundan impunes en las redes, ahora al parecer  ¿reales, morales o asociales? No lo sé: Solamente veo una sociedad servil dispuesta a tragarse las mentiras grotescas. Ciega por decisión: Por convicción o  auto sumisión.

 Sin consumidores no tengo oportunidad de sembrar cambio, sin abono no hay futuro, derechito de culo pal estanco… prefieren vivir a dádiva de verdades elaboradas,  sin debatirlas, sin mencionar  que derechos les otorga su ciudadanía, ni como exigirlos… El pudor de demandar ser nombradas frente a la hipocresía normalizada. Les roban su palabra, nos despojan un derecho: una linda acción trasgresora, feminizadora que rapidito pone a temblar la historia, esa “a” fémina tan peligrosA para el lenguaje,  la que deseo resaltar, para no olvidar nunca más. Y así realmente se cuente lo evidente. No es solo taparnos un ojo y hacernos las victimas un ratico. A  aquellos que viven en el confort de la confianza que les otorgan sus privilegios, prejuicios, emociones y pasado no los comprendo. Nunca lo haré.

 No esperen que los vislumbre, ni quiero que me adviertan porque sé que no están al corriente de lo que les  hablo. No es por viejo, no es por sabio, si no por cascado y magullado. Por escuchar atento ese discurso diario donde nos uniforman solo por un salario. Pero el pensamiento sigue fraccionado. Quebrado. Individualizado.

Lo grande y puro siempre será controversial, siempre será incomodo, molesto. Como echar sal en las heridas, ese es para mí el tono, el clímax y el subtexto.  Por lo tanto objeto de amedrentamiento o amenazas. Mientras unos no pueden, otros  ni siquiera lo intentan. Siguen minimizando su importancia, en sus discursos fundamentalistas del buen vivir en el molde hegemónico, la libertad de expresión solo les importa hasta donde no hiera sus sensibilidades, entonces esa libertad relativa ya no es tan real, esa falta de convicción es lo que me deprime, lo que me ahuyenta. Fiscalizar los abusos de poder, con autoridad, autonomía, sin lamboneria ramplona para no desperdiciar esa oportunidad de devolver al país una voz profunda, esa voz del amor a la disciplina, a la humanidad, no a la mediocridad, ni la perfección. De saber: Corresponder a la altura y no desmerecer el privilegio de construir una mejor historia cada día. Cueste lo que cueste. Darlo todo por mí y para mí.

Describir que la decisión es felicidad, escribir me resuelve a  defender con argumentos una convicción personal, sin que me paguen o me muestren, si no por gusto y una conducta muy obsesiva. Un tanto terca que llaman…

Quedarse en la posición de víctima puede ser muy peligroso casi el camino más seguro. Pues se mantiene en el “ego-drama-queen” NO hay que evadir, con  la verdad en los dedos tomo mis certezas y digo con valor: Sí, puedo hacer algo mejor. Me merezco ser algo mejor.

LLUEVE, PERO ADENTRO ES SECO, OSCURO Y CADA VEZ MÁS FEO.

El vidrio de su venta era uno más de la fachada, uno más de la cuadra, uno más en la manzana,  uno más en el barrio, en la localidad, en la ciudad, uno más, como  esos que se encuentran por casualidad, luego de quedar ciego,  por el rayo de luz hipnotizante producto de lo que simplemente logramos reflejar de la realidad, solo los restos de algo maravilloso e indescriptible. No busco tener un nombre, un título, ser todo un señor,  nadie debería tener uno: ya que nos apropia de algo que no es nuestro, como nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestros  pensamientos y sobre todo nuestras verdades… Todo esto es  un vil préstamo, nada más que eso…jamás será suficiente, pues todo lo que nos satisface dura solo unos instantes y luego desaparece, después tardamos la vida entera buscando repetir esos mismos momentos únicos,  intangibles, efímeros, “tenemos parches si querés… pero no una vida de verdad”.

Se puede tantear el paso del tiempo por las marcas sobre su cuerpo roído, por su capacidad de recuperarse, de coserse, de pegarse a sí mismo. Los hombres prefieren no hablar de sus sentimientos o emociones, culturalmente se les enseña que demostrar su sentir de manera sincera es síntoma de debilidad, de inferioridad y es una presa lista para ser destrozada por risueñas hienas, pues su sinceridad atenta contra la masculinidad impuesta: TODOS deben ser  fuertes, agresivos, seguros. Todos exactamente todos iguales…lamentablemente tan patriarcales.

Desde la distancia eres uno más lleno de cosas tibias que no emocionan, que no motivan a continuar, que revelan y magnifican todos los defectos e inseguridades  del ausente. Y sobre todo, los de los otros. Como olvidar esos otros, que todo lo hacen bien, más rico, más interesante, de una forma más atrevida, quizá y seguramente más artística. Ellos sencillamente esta ahí, ellos siempre están ahí, no se han movido de ahí, pacientes a la espera para atacar sin importar el cómo, cuándo o el dónde, pues necesitan más corazones en sus manos, más nombres en su lista y más anécdotas propias de un hombre de verdad. De todo un macho de verdad.

La puerta se entrecierra por una sombra volátil y movediza, es martes pero es igual. Son horas de marcar… beep, beep- (sistema correo de voz), cuando varia… es porque contestan, y sale la frase del millón, del profesionalismo  moderno hecho postal “En este caso no puedo ayudarle en el procedimiento”. Mientras  hace una transferencia de…” y va uno a ver y ni su vida ha sido capaz de resolver. La palabra transferencia se plasma en mi memoria, no sale en días… pienso, ¿será posible hacerme una transferencia, una transfusión, un trasplante, una transformación, un tránsito?… ¡Pero todo ya está hecho mierda! nada me salvará de esto. Sólo quedan horas para aprender a montar bici, para pegarlo cada vez mejor, para rodar y tratar de dejar de pensar y pensar, mientras solo busco centrarme en escribir, seguramente borrar y lamentablemente volver a comenzar, lentamente sin afán acomodar una letra detrás de otra, sin saber en que va a terminar.

Inútilmente todo lo bonito se desmorona, carece de importa o relevancia, la moral solo juzga lo inmoral de quien no puede, ni la fama, ni la moda, o una postura intelectual, todo se puede quedar en palabras o palabritas mientras las cuentas en sus tarjetas aumentan como prioridades importantísimas, ¿esto servirá de algo? De tanto pensar en esa sensación de –todovaleverga- se da cuenta que sencillamente la diversidad, la pluralidad y el respeto a la otredad no se debe olvidar, que no se puede hacer nada, nadie es como yo quisiera que fueran, simplemente solo para mí, eso es una utopía inalcanzable. Sin encontrar otra salida se deja morir pues ya no sabe ni por qué esperar. Ni por quién esperar. Y si la espera valdrá la pena pues ya le ha pasado, varias veces: que termina solo con restos en sus manos. Durmiendo solo con los puños cerrados.

Intentando mentirse así mismo se repite una y otra vez, que solo buscan caminos diferentes, expectativas a lo mejor inalcanzables, “Los rastros de la vida se ven en los huesos” en este día, frió, gris y monótono. Un golpe se asoma, se impone ante la levedad del entorno, ante tanta superficialidad, se ven las partículas de polvo estáticas en el aire después de cada golpe, mientras se marcan sus nudillos, él se mueve para acá y luego para allá, y sus ojos se despegaron de los míos, se olvidaron tras tocar los polvos mágicos, entonces mi cuerpo es poca cosa ante semejantes modelos perfectos y novedosos. Todos iguales, terriblemente iguales, tan patriarcales, sujetos a una postura masculina predominante que sólo busca su propio beneficio y satisfacción, todos terriblemente patriarcales. todos  tan parecidos a mi, tan  patriarcal. ¿creyendome dueño de quién?

La tarde es un velo celeste, donde se atravesó una fina brisa que amenaza con arrojarme a años luz de distancia de lo que soy o quise ser, ahora cualquier cosa será ganancia.  Ahora podemos fumarnos las flores que nos hacen reír para nunca permitirnos la desdicha, pues al patriarcado le convengo  asustado y triste,  así que la meta será que vea como resisto. Y es un gusto encontrarse mensajes como este, mensajes que solo puedo desear haber logrado publicar, “si yo encontrara un alma como la mía, una alma que al mirarme sin decir nada, me lo dijese todo con la mirada”.

“De lo que se trata, señores, es de valorar a la gente, en lugar de decir que la amamos o la queremos, y de que pasemos por encima de los fáciles afectos y pongamos como principal bandera de nuestra vida la voluntad. La voluntad de actuar de acuerdo con nuestras convicciones, de ser fuertes, de decidir sin influencias”. FERNANDO ARAÚJO – EL CAMINANTE.