“No solo a mí me pasa esto”

Doy vueltas en la cama intentando dormir.

Siento el pasar de las horas como si fueran milenios, duele el vibrar del segundero, pero aun estoy en el mismo hueco, en la misma guarida abandonada: – acostado de medio lado, con la cara llena de sombras, rayas naranjas que vienen del exterior a pintar la oscuridad de mi piel-. En esa habitación solitaria, en esa misma cama enorme donde dibujo tu rostro inconscientemente, porque siempre, siempre, siempre estás en cada rincón, en cada suspiro, en cada vocablo que me recuerda tu ausencia y que esta vida es mierda. Y que venimos a comer mierda en este sancocho humano de sobras de aquel banquete burgués. Sin dudarlo, serio y ofuscado, me dice:

-Se merece su destino, se merece su suplicio. Se lo merece por puto.

En la mañana te levantas con dolor de cabeza de tanto dormir. No encuentras un mejor estado, que esa inconsciencia que permite un análisis, que te empuja a una introspección seria, honesta y sin adornos. Tomas una ducha fría para despabilarte, bebes a grandes sorbos una taza llena de café oscuro. Y piensas que no tienes porque tolerar todo lo que te hace mal… mientras la mirada se pierde en las paredes macilentas, chorreantes sientes la humedad en los tobillos y solo es ahí cuando sabes que te puede llegar hasta el cuello, pero resistirás, tu sabes que resistirás, que es algo pasajero, sueñas con un tiempo en donde recuperaras la mirada inicial para volver a tomar entre los dedos los pedazos de lo que fue, unirlos buscando que las piezas encajen así no estuvieran juntas, esta es la oportunidad para que con un fuerte abrazo las esquirlas del interior dejen de cortar y busquen sanar.

Sin darse cuenta inicia una vez más la rutina, el bus, el pitido de la puerta en cada parada, la falta de oxigeno por la cantidad de cuerpos en un mismo espacio, se ven las manos, las piernas, las caras chocando contra las varillas y vidrios, empañan-dolos, asfixiándonos en nuestra propia peste. Finalmente llego, camino, busco la ruta más fácil para salir de ese infierno. Cruzo la calle 13: Le pido un tinto y un cigarro a don José: la misma transacción a la misma hora, en la misma esquina, camino lentamente para no derramar el tinto mientras saboreo el humo espeso que sale de mis labios. Marco la hora de llegada con la tarjeta. Me cambio, subo 5 pisos, bajo uno piso más, cruzo las puertas que al pitar anuncian el acceso. Me siento por 2 horas en el mismo cubículo: Frente a la puerta es el segundo a la derecha y desde la ventana es el tercero a la izquierda, escribo, borro, escribo, cierro el archivo, hago un par de llamadas sin éxito o efectividad, vuelvo a escribir. Salgo, de nuevo el pitido, tomo más café, pienso, bebo más sorbos de café, aspiro más humo y veo como se desvanece intentando escabullirme junto a él en el aire. Pero no obtiene éxito alguno, mi huesudo cuerpo no me permite cambiar de estado. Los grandes fémures y costillares no se desaparecen, por el contrario se envejecen, se curten, se pudren l e n t a m e n t e nos vamos haciéndonos mierda.

-Repito mantras poderosos. Como exigiéndole al mundo:

“Dame inspiración por un instante y siembra mil estrellas en el aire” Solo veo sombras que deslumbran sus rasgos pero solo logro identificarlos , me observo, pienso, me he mirado en ella, en sus letras, en sus frases esquivas como en otras escritoras y escritores que admiro y he seguido de cerca. Hay gente que forma parte de tu vida, aunque no hayas dormido nunca con ella. Esto ya no es necesario para sentir que sus experiencias parecen sacadas de mi cabeza enferma, y solo en esos momentos sientes un poco de consuelo, de paz y un pequeño sesgo de espereza: Y gritas todo va a estar bien. Pero… de nuevo suenan las puertas, había olvidado comer, ya no siento apetito pero es otra pausa para llegar al fin, justo a la mitad. Camino, caliento mi almuerzo y otro pitido me indica que ya pasaron dos minutos de los 60, como mi almuerzo en 20 y bajo en 5, camino, fumo, observo y ya pasaron 30, subo corriendo pues solo me quedan 3. Vivo con un embrollo entre las cejas, con un enredo en el cerebro mientras tu sigues, sigues tranquilamente siendo tu, y esta bien, no para mi. Pero esta bien…Como la vida no logra trascender, busco poner como prioridad mi felicidad.

No debo ser más reduccionista, no es poca cosa, debo fluir, quiero rodar, quiero sentir que puedo volar, que nada esta fuera de mi alcance, que esto solo parece ser un comienzo, de pronto forzoso pero más vale enfrentarlo sin miedo, no insistir y permitir emanar muy buena energía. Vivir en el día a día y escribir todos los días.

Vuelvo a subir, pasan 3 horas sin mucho afán, ocupado, haciendo un poco allá y un poco acá, distraigo la pausa y logramos avanzar. Borrar, tachar, volver a comenzar, leer y siempre dudar, nunca tragar entero. Esto cuneta más que cualquier cosa, más que lo valioso, más que lo costoso, ese valor incalculable que brinda una amistad: ser mas amable conmigo mismo, hacer más placentera mi existencia, seguir en la búsqueda de nuevas cosas que decir y por lo tanto nuevos caminos por forjar. Usar la escritura como legitima defensa contra las manías, contra mi nariz, mis dedos y los cornetes maleables. Una resistencia contra lo violento que habita en mi, propongo hacer mejores filtros, ver más allá de los huesos, los músculos, los rostros, los cuerpos, desnudar pensamientos con silabas perfectas hasta inundarse en fluidos placenteros, humedeciendo las hojas se rompe el pasado. “aunque en materia de creatividad espiritual sea lícito atenerse a los ejemplos de cualquier tipo- están todos en contra de mí”. Sencillamente siento que todos están en contra mi. Pero aun seguimos sembrando flores en una oscura primavera, que pasará: como pasan las cosas, los hombres, los gatos, los libros, los días, las semanas, los meses, los años, y la vida misma en esta rutina eterna.

Esa sensación humana que solo logra la escritura, de “no solo me pasa a mi”. Que puede que la vida no sea la misma para todos, pero si no limitados a los mismos diálogos, a las mismas escenas que encarnan la vida de nuestros antepasados, que nos dan las lineas precisas, precisas, precisas…. Para mentir, al mundo a nosotros mismos con la simple excusa de ser feliz.

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