No busco su aprobación, es mi obligación encontrar mi éstilo

Yo tenía un plan: uno en donde mi cerebro suicida solo hace una cosa bien, qué consiste en construir elaborados planes para acabar conmigo mismo. Mi plan incluía no contarle a nadie que había un problema, de modo que no interfieran.

Cuando no consiguió contactar conmigo, quizá se cansó, se espantó, se aburrió… Se curtió. Llamo a mi familia para ponerlos en alerta, quienes de inmediato entraron a usmear cada rincón de mi espacio y llamar a la policía, todo esto como muestra de preocupación. De amor.

La policía vino para llevarme a urgencias; A continuación los médicos me encerrarian en un psiquiátrico para tenerme en observación: El motivo, proferir algunas amenazas a mi mismo, al mundo que me asquea y mi vida miserable que se desperdicia de lunes a viernes. Por contradecir el estándar de “limpio y sano”mientras caminaba por las calles que me ahogan de recuerdos y remembranzas; Al punto de no poder diferenciar entre la ficción de mi cerebro dañado y el filo de la cruda realidad. Después parece que me eché para atrás, no es que no fuera verdad, cada uno de mis aullidos de auxilio pero me siento aterrorizado y tieso.

Solo pronunciar en voz alta mi verdad no era parte del plan, siempre nos enseñan a callar, hábito que no entiendo muy bien aún. Creí que podía evitar la consecuencias de la confesión, pero no fue así. Uno puede fingirle al mundo: su papel de macho patriarcal que niega la verdad de los demás e impone la suya cómo única, algo cobarde, convenientemente y muy conservador. Pero no se puede mentir a usted mismo, a la cara, al espejo, al dictamen oficial, al modelo hegemónico que nos reprime sin parar. Ahora sólo le queda el futuro de años de tratamiento médico, en citas agobiantes con doctores normativos, heterosexuales, jueces de la moral y el buen vivir, ese nuevo termino de cuidar “mi calidad de vida” no me interesa.

Ahora veo con claridad que todo esto tenía que pasar, quizá un año, o años, o décadas para lograr engancharme a un medicamento, a un horario fijo, a una dieta, a esa estúpida hipocresía del amor propio. Y todo esto por no hablar de esta pesadilla recurrente en la que me encuentro encerrado, asi me esfuerce por explicarle a las “autoridades” que no debo estar aquí, que no habido ningún error. Que no hay de que hablar más. Es solo tiempo periodo.

Solo hay una cosa clara: Necesito una razón para vivir, un plan creado únicamente por mi que me ayude a resistir a mi manera.

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