Qué no hay nada por fuera del texto?

Desde que nacemos estamos rodeados, de palabras, de letras que caen de la boca de todos, apilandose, pudriéndose pues no puede surgir nada más que pobreza y mentira, ese sueño inalcanzable se convierte en el afán de nuestra existencia, sin pausa, segundo a segundo, uno tras de otro seguimos sin lograr abarcar el todo, no nos alcanzan las palabras y la letras, las identidades, los sobrenombres porque nunca hemos estado en ellos, no tenemos un nombre, no hacemos parte de nada, somos la gran mentira nacional, autóctona y orgullosa. Todas palabras propias de Colombia y en este afán de encajar en el mundo, nunca se cuestionaron tal masividad en su discurso de 3 pelagatos.
No nos vendría mal querer estar mejor, en un momento no alcanzable, lejos de una conciencia del ser, esa necesidad de siempre ir en el camino de mejorar, avanzar y no de reproducir los mismos hábitos dañinos que se han instalado como normales o comunes. Es necesario ver a profundidad casi entre líneas, entre sombras, entre palabras para reconocer: las ausentes y los ausentes para cuestionarse el porqué? Dónde estuvieron tanto tiempo? Porqué continuamos impunes y adoloridos?
Nos aislaron de la palabra, solo nos la enseñaron como eso inalcanzable, algo dominante y masculino dejándonos vacíos e invisibles, poco interesantes para ser contados, tomados en cuenta por parte del contexto, de la historia, pero sobre todo peligrosos para el orden y el estatus de la clase dominante. Que obvio es igual que el sexo fuerte, femenino es decir la clase trabajadora no la burguesía, pero aún no lo entendemos no hemos podido desaprender, aún creemos que el éxito está en ser opresores.


Ese es el interrogante presente en la vida, en lo cotidiano, ese de tantos que hemos acostumbrado a responder con un simple “si” o “no”. -Porque en el fondo, no hay más que el capital, para llegar al fondo hay que soltarse, desaprender y aprender de nuevo las cosas simples, el silencio, la soledad, ese tiempo en blanco, (…) ese tiempo para cuestionar ese interés o bienestar propio, aquel que todos buscamos pero que es diverso, inexplicable e in-alcanzable. Sin embargo de esa corriente de ideas surge ese poder de distraernos, desconcentrar: el mercado lo sabe, el sistema lo sabe, así mismo construye e instala necesidades, sueños, modelos y formas de ser “moderno” sin importar el costo o lo superfluo. Para distraernos de la verdadera resistencia anticapitalista que nos debe abrazar, guiar y así perpetuar en la historia.
La velocidad no es sólo un estado, es ese frenesí que quieren que sea la normalidad, no permitir la pausa, el esparcimiento, la ausencia precisa para cuestionar lo inamovible… No hay espacio a preguntas incómodas menos para debates, las normas son claras: resistir ya no es una opción, es una obligación mensual, es un acto de sumisión y adoctrinamiento, el siempre regresar por ese dinero que nunca será suficiente, que nunca va alcanzar, que solo me trae fantasías de una vida que no me encaja, que me es ajena, que me ofende al uniformanos, al borrarnos, al hacernos cero y dormirnos, ponernos de su lado con sus marcas, sus modos, sus prácticas, sus ritos, sus sueños. Oprimiendo nuestra misma clase por un sueldo fijo, por salud y ahorro. Por dinero. Por favor intentémoslo, al menos no reproduzcamos esos discursos que alaban al proletario pero buscan gerenciar y controlar, aprobar y silenciar, dejando ver el poder patriarcal dentro de cada uno, ese que hay que aplacar, suprimir, trans-formar, moldear, aminorar, ahogar con humo espeso y denso hasta que entienda que esta era es nuestra, cuestionable y modificable. Sobre todo Transgresora.
Y la palabra debe ser nuestra. Es nuestra. No somos nota al pie, somos los protagonistas de esta producción, su mano de obra, sus lacayos. Ya es hora de irrumpir y apropiarnos de la palabra, de las vidas del común, de las vidas cercanas, de las historias propias para resaltar lo bueno, lo auténtico, lo popular, lo que viene de adentro y contribuir al todo desde ahí, desde el pensamiento, desde la palabra y la acción. Desde afuera derrocar el margen misógino, machista y androcentrico para permitirnos nuevas perspectivas, nuevas estéticas, nuevas maneras de ser sujetos es este presente in-estable, in-cierto por edor a post-verdades en todo relato que tiene un pasado oscuro. Es el momento de imponer la palabra sobre el dinero, el deseo y ego. Empuñar las letras y las ideas para el autobienestar y sanar lo incurable, llegar a la coherencia personal. Hazte feminista

Obra: La Jóven María Feminista

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