-“Para qué me invitan, si saben como soy”: Por un pensamiento crítico de la Colombianidad-.

El tiempo que transcurre mientras cada cual vive su día a día, ese que es diverso, a veces repetitivo pero no permanente, que está en constante vibración expuesto al cambio por la más minina ruptura en la estructura, esta que se vislumbra y solo es posible reconocerla en la ausencia o soledad: estado tan atemorizante para muchos pero fundamental en este proceso, ya que es el lugar donde me situó para pensar y darle rienda a esta historia, letra tras letra.

Las relaciones interpersonales que se ejecutan diariamente, en la cotidianidad, se convierten en  el escenario donde cada uno de nosotros expone su identidad; ya que ésta solo se representa en el contacto o relación con ese otro universo,  diverso que puede ser tan extraño o detestablemente igual. Pensando entonces el presente como un sinfín de grandes columnas y torres  de fotocopias secuestradas sobre escritorios, sobre la ciudad  que en este momento pueden estar sintiéndose solos y limitados por esta estructura que definió: reglas, modos, pensamientos, movimientos, cuerpos, lugares, formas y pretextos para dividir, segregar y acumular el poder, centralizándolo en grupos sociales reconocidos anteriormente como élites, instituciones a la que solo se llega por cuna, clase o éxito laboral que le permita ascender socialmente, pero solo a través del modelo y nivel capital, ya que moralmente serán reconocidos como: extraños, extranjeros o usurpadores de “espacio y tiempo”, es decir la lucha de estatus sigue viva y lamentablemente agonizante.

Estas relaciones sociales hoy día son entendidas como  relaciones de poder que no permiten leer a las personas como hombres ni mujeres o sujetos de derecho, solo permite reconocerlos bajo los parámetros económicos, es decir sobre un métrica estética, de doble moral, conveniente e hipócrita, establecida y reconocida como burguesa, adinerada, acomodada o gomela si se quiere, lo que hace unas décadas era sinónimo de cultura y opulencia, hoy es sinónimo de exclusión, limitación y división de grupos o colectivos de personas que se identifican por determinadas, marcas de ropa, sitio, viajes, modos de habitar las ciudades y de expresiónes como el famoso: -¿Usted, no sabe quién soy yo?. Qué hace relación a que la justicia funciona de manera subjetiva según a quien se refiera es decir, que varía según  los sujetos que tienen dinero y los que no, ya que meterse con alguien que tiene reconocida esta autoridad económica, es para el Colombiano parte de hacer las cosas bien, reconoce en la obediencia, el arma fundamental para lograr sus sueños (la casa, el carro, la beca, los hijos, etc.) y no desarrolla un criterio personal, bajo sus propias matrices de conceptos o valores.

La vida moderna se limita a la reproducción de prejuicios sobre el cuerpo, sobre las exceptivas y procesos para ser socialmente aceptado, perdió el interés en la dignidad humana y lo remplazo por el valor de conveniencia de sus actos, frente a esas posibilidades de lograr el sueño hegemónico y androcéntrico-capitalista,  creando así la necesidad de una teoría o pedagogía feminista, emancipadora que contrarreste y proponga nuevas formas de relación humana basada en la integridad y dignidad humana  además del respeto a la autonomía de cada sujeto más allá de sus clase, raza o género, orientación sexual o posición social o económica.

Frente a esta variables se han referido muchas personas, pero quisiera mencionar a la profesora Silvia Federici en su Libro el “Caliban y la Bruja Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”, En dicho contexto sobresale el análisis y las propuestas políticas de la activista italiana, autonomista, como Silvia, Mariarosa della Costa, que junto con Selma James, emprendieron un análisis alrededor de la economía del cuidado y el reconocimiento del trabajo emprendido por las mujeres en la procreación. Este análisis, iluminador para Federici, logra superar dicho contradicción entre la clase y género, viendo como la estructura de dominación patriarcal se contextualiza históricamente en el capitalismo que hizo posible una nueva división sexual y social del trabajo.

Además se enmarca en un acto de lucha y confrontación contra una academia que fallo  en  transmitir como legitima una sola mirada de la historia, la masculina, dejando sin referentes y desprestigiando las  diferentes luchas de mujeres, gays, lesbianas, trans, negros, pobres entre muchos otros, sujetos sociales a quienes se les borro de la historia, o nunca nos fue contada.

Según Federici, “los procesos de despojo y cercamientos no solo se daban alrededor de las tierras y los bienes comunes de la naturaleza, sino que también la Universidad estaba siendo objeto de un “cercamiento del saber”. Su texto es también, por ello, un documento de lucha contra la mercantilización del saber. El legado y la memoria histórica de las excluidas, explotadas, perseguidas y vencidas por la criminalidad capitalista y representa un acto emancipador, ya que había que resignificar las formas, las prácticas y las luchas de dichas mujeres, condenadas como- brujas, que se resistieron a los procesos de acumulación originaria (ser madre y sostén de la sociedad)- tanto en Europa como en el llamado Nuevo Mundo (América Latina)”.

Es decir que en el renacimiento alrededor los siglos XV y XVIII, las autoridades de muchos lugares de Europa desencadenaron una brutal represión contra los supuestos adoradores del diablo (cualquier fé diferente a la cristiana), por esto  miles de mujeres y hombres fueron condenados y murieron en la hoguera, principalmente mujeres, exterminio basado en un discurso que exponía al sujeto y el cuerpo femenino relacionado con el pecado bajo los parámetros de  pureza, castidad y buen comportamiento expuesto por la Iglesia Católica-Cristiana, determinados por la historia del momento y hasta el momento legítimos, transmitidos  como verdades universales. Es decir que las mujeres usen la burka: que  es el tipo de prenda menos común en el mundo islámico y también la más polémica, pues se trata de una prenda que cubre el cuerpo de la mujer desde la cabeza hasta los pies, tapando incluso los ojos, que quedan detrás de una malla o que mujeres expongan sus cuerpos, los trabajen y reproduzcan estéticas sexualizadas es aceptado en pleno siglo XXI, pero que las mujeres decidan sobre cuerpo como el tema del aborto o que hombres  decidan cambiarse su sexo (genitales), su género (reconocimiento social como femenino) es todo un atrevimiento y transgresión social en pleno siglo XXI en el año 2017.

Dicha persecución iba más allá de la religión, ese solo fue el mecanismo para esta, de fondo está la estructura patriarcal que expone un solo modelo de ser hombre: “el macho”, que tiene mujeres e impone su autoridad bajo el maltrato, la violencia sexual, simbólica y de género, por temor a perder el poder, haciendo lo imposible porque el conocimiento siga en manos de estas instituciones, en manos de estos cuerpos mediatizados, supervalorados a lo divino                          ( relacionándolo a la belleza, lo estético y la heteronormatividad ); evitando así la circulación del poder a quienes no los cumplan. Centrando el conocimiento, creando como ya mencione una sola verdad histórica y legitima que borra y continua invisivilizado las luchas de miles de personas que deconstruyen un sistema machista, por un mundo equitativo, una humanidad menos prejuiciosa, más equitativa, responsable y justa.

Foto: Portada del Libro “Caliban y la Bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria.

Cuadro : Aquelarre de Hans Bandung 1510

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s